Maestros

Maestros
Mostrando entradas con la etiqueta Fontanarrosa y la "cocina" de Inodoro Pereyra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fontanarrosa y la "cocina" de Inodoro Pereyra. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de marzo de 2012

La "cocina" de Inodoro Pereyra (IV, nunca es tarde...)

En el mes de Septiembre del año pasado pudimos disfrutar de los consejos de Roberto Fontanarrosa con respecto a la realización de una historieta, más precisamente la de Inodoro Pereyra (tomados de su versión original publicada en el suplemento Cultura y Nación del diario Clarín en el año 1992). Sin embargo, en aquel momento no advertí que en el libro 11 de la colección Biblioteca de la Historieta del mismo diario - dedicado precisamente al gaucho - se reproduce el texto mencionado más una nota final en letra muy pequeña que dice: "Los resultados de esta 'receta' pueden verse en la tira de la página 156". Efectivamente, allí nos encontramos con tal aventura que, en la versión editada por De la Flor, pertenece al tomo número 17.
Va aquí entonces el escaneo de las tiras, para complementar de la mejor manera el excelente relato de Fontanarrosa, llevando a la práctica sus particulares sugerencias (debajo, el enlace a aquellas entradas).


Fontanarrosa, Roberto: Inodoro Pereyra (Tomo 11, Biblioteca Clarín de la Historieta, Clarín, 2004)

Fontanarrosa, Roberto: 20 años con Inodoro Pereyra (Ediciones De la Flor, 1998)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La "cocina" de Inodoro Pereyra (III)

(Última entrega de “Cocinemos un Inodoro”, por Roberto Fontanarrosa. Secretos de la historieta y el placer de la lectura al mismo tiempo…)

Cuando está todo ya más o menos cocinado, escribo -perdón, escribimos- un diálogo en una hoja oficio. Calculamos, a ojo, que con eso nos alcanza y a veces, para mejor, nos sobra. Lo óptimo es cuando sobra, porque quiere decir que uno ha podido hacer una pequeña selección y así queda a salvo el orgullo del creativo. En ocasiones, de arranque, usted comprueba que se va a quedar corto. Entonces mete, en los dos o tres primeros cuadritos, una situación encapsulada, pequeña, sin posibilidades de mayor desarrollo, que abre la tira. Situación que no tendrá demasiada relación con el resto del asunto y luego se ligará con el tema central de forma natural o arbitraria. No, no tiene por qué ser los loros, no se ponga reiterativo con ese asunto.
Ej.: Inodoro observa un mate que pierde líquido por varias perforaciones. “Otra vez la policía me agarró el mate”, dice. Mendieta le recomienda ahorrar para comprar otro. Inodoro replica “¡Como para invertir en muebles, estamos!” Y ya entran en el tema del ahorro y el chancho-alcancía, del cual hablamos anteriormente, ¿no lo recuerda? Olvídelo. Estos temas encapsulados son útiles, pero no es de lo más pulcro como procedimiento. Prefiero que la tira arranque y termine con el mismo tema. Sucede, sin embargo, que a veces el ojo del amo erra el cálculo, como le pasó ahora a usted por su impericia, y en medio de la tira, uno se encuentra con que el material que tenía no le alcanza. Alerta rojo. Error humano.

Tenemos el comienzo y el final pero faltan, digamos, dos cuadritos en el medio. Hay que correr a la carpeta para rellenar ese hueco con algún pasacalle que no aparezca como muy traído de los pelos. Agradezco su consejo: uno puede macanear con las medidas, agrandando un cuadrito, estirando el otro. Pero… ¡el lector se da cuenta, mi querido! El lector advierte que usted se tira a chanta. ¡Y estamos defendiendo una media página a color del diario Clarín, mi viejo! ¡Cómo se nota que usted se va y se despreocupa del problema! No, acá hay que trabajar hasta que aparezca alguna réplica para insertar en el diálogo, o una pequeña gracia que anteceda al final.
Impensadamente, pese a su ayuda, ya tenemos el 30% del tema central, el 30% del remate y el 30% de los chistes intermedios. Nos resta el 10% del dibujo. Ojo la tinta. Acá mejor se me sienta allá y mira desde lejos. Trataré de que el dibujo refleje el relato lo mejor posible, que sea expresivo, que narre. Ya sé que el texto no le causa gracia. No me mueva la mesa. No soy un plástico audaz, ni un virtuoso, ni un explorador de nuevas técnicas y texturas. No, no son así los loros. Cubro con papel manteca una fotocopia del original y coloreo infantilmente, con fibras. Guarda el codo. No me ayude más, mi viejo. Zapatero a tus zapatos. Usted remítase a lo suyo y espere el próximo miércoles para leerlo. El buey solo bien se lame. Después de todo, en diciembre de este año se van a cumplir 20 años de la primera publicación de Inodoro, en la revista Hortensia, de Córdoba, y, pese a la edad, todavía puedo seguir diciéndole a este gaucho todo lo que tiene que hacer y decir, puntualmente, cada quince días. No, salga, largue el lápiz. No necesito ayuda. Recuerde aquello de “En Rosario, uno se siente más creativo”. Y no lo dije yo. Lo dijo Belgrano, hace muchos años. Descuide, su firma no aparecerá en el trabajo.


Del Suplemento Cultura y Nación del diario Clarín, 1992
Episodio de Inodoro Pereyra: revista Viva (s/f)

(Para ver otros temas vinculados a la técnica de la historieta, revisar al pie de página el apartado "Aprendizaje")

martes, 6 de septiembre de 2011

Fontanarrosa y la "cocina" de Inodoro Pereyra (II)

Continuamos con el texto de Roberto Fontanarrosa: "Cocinemos un Inodoro":

Pero, confesémoslo, aún campea en nosotros una preocupación primaria que nos desvela: encontrar un chiste de remate. Si no sabemos hacia dónde vamos, nos perdemos. Veamos: el hallazgo de un buen tema nos ha significado resolver un 30 por ciento del problema. Pues bien, el descubrimiento de un digno remate nos resolverá otro 30 %. Incluso, a veces, debo confesarle, doy casualmente con un chiste o con una situación que configura, en sí, un buen remate para una historia. Entonces, desandando desde allí, armo la trama hasta el comienzo. Tal es la importancia que le atribuyo al desenlace. Pero, no se me distraiga, seamos optimistas y supongamos que encontramos un final aceptable para alguno de los casilleros abiertos. Habrá sido un día bien aprovechado, por lo tanto. Ya tendremos una estructura para la tira y quedarán una, o dos más, a medio hacer, para ser completadas el día de mañana, si a usted no lo ocupa algún otro compromiso. El que guarda siempre tiene. Al igual que el esforzado pueblo israelí, de un desierto habremos obtenido un vergel.
Pero, pensándolo mejor, y con un golpe de timón propio de un escritor efectista, volvamos a los comienzos de la nota cuando presumíamos de contar con un tema ya dado por las circunstancias.
No partamos de la nada justamente con usted, que no acredita experiencia en la materia y, además, no parece ser muy lúcido que digamos. La libido viene en nuestra ayuda, amigo mío. El moreno juez Clarence Thomas ha inaugurado el envidiable acoso sexual. Un objetivo claro nos ahorra un montón de tiempo y puede ejemplificar mejor el trámite del armado de la tira. Diga usted ¿a quién le cuadra mejor dicho acoso? ¿Será para Inodoro? ¿Será para Mendieta? ¿Habrá que recurrir a los siempre desaforados loros? ¿Se ajustarán a ese rol los poco refinados pampas del cacique Lloriqueo? ¿Deberán aparecer las alpargatas bactereológicas? ¿Será tema para el doctor Citado Nosocomio? Expídase. Elige los loros. Muy bien. Pero... ¿no le parece que un tema de acoso sexual, con miles de loros allí presentes, sería un tanto promiscuo? ¿No le suena como un tema necesitado de cierta intimidad? Nada de loros, entonces.
La cosa parece venir como anillo al dedo para Nabucodonosor II, el chancho campeón. Recurriremos, de todos modos, a la salvadora carpeta para rescatar algo atinente al apasionante mundo del porcino y llegar, triunfales, al remate. ¿Cúal es el remate? ¿Se le ocurre algunos? Córtela con los loros, viejo. Nabucodonosor II rechaza el acoso sexual de las chanchas. Aduce haber sido vendido a los Estados Unidos como reproductor. Fantasea futuras relaciones con las cerdas más bellas del mundo, las cover-pigs. Pero luego Pereyra lo vuelve a la realidad: su destino es una granja experimental de inseminación artificial. Ya sé, no es un final de gran nivel literario pero ¿qué pretende por el precio de un diario?. Confíe, a este final lo defenderemos con otros chistes más chiquitos.

Años atrás, cuando yo era joven, bello e inexperto, me conformaba con meter un chiste cada dos o tres cuadros. Nunca compartí la tesitura de algunas viejas páginas humorísticas de jugar todo el efecto de la historia al chiste del último recuadro. Hasta allí, nada provocaba en el lector ni la más minima sonrisa. Con ese sistema, el remate debía ser formidable para justificar la página. A usted le gustaban, bueno, no me extraña, usted todavía está bastante verde para entender de estas cosas. Aprendí, entonces, de los colegas contadores de cuentos: Landriscina, el Sapo Cativa, el Gordo Oviedo, que pueden narrar un chiste muy largo con final discreto, pero este final viene ayudado, aderezado, respaldado, por un montón de pequeños chistes intermedios, dichos, detalles, consideraciones, que van calentando la risa y le evitan al remate cargar con la responsabilidad del fracaso o del éxito del relato. Entonces, hoy por hoy, procuro meter, al menos, un chistecito, una ocurrencia por cuadrito, siempre que no desvíe la atención.

(el fragmento final, mañana...)


Segunda parte del texto al comienzo mencionado. Publicado en el suplemento Cultura y Nación -diario Clarín- el jueves 11 de junio de 1992.

Historieta perteneciente a la revista Viva (s/f)

lunes, 5 de septiembre de 2011

Tras el día de la historieta, Fontanarrosa nos empieza a enseñar los pasos para realizarla

El 11 de junio de 1992 el entonces suplemento "Cultura y Nación" del diario Clarín publicaba un excepcional artículo donde el gran Roberto Fontanarrosa explicaba la "cocina" de una de sus historietas, aunque -como corresponde- de una manera nada solemne, ya que le agrega a ese texto toda su imaginación, su capacidad de narrador y de hacernos reir.
Teniendo en cuenta que ayer se celebró el día de la historieta, esta es también una buena forma de adherir a ese festejo...(Y de yapa, un par de sus historietas a color).

..............

En un hilarante "diálogo", el historietista rosarino coproduce con el lector su célebre tira cómica

La redacción de este suplemento pidió a Fontanarrosa que contara la "cocina" de una tira de su ya mítico Inodoro Pereyra. El fenomenal rosarino no se limitó a un puñado de anécdotas autobiográficas ni a un compendio de revelaciones artesanales. Su imaginación, que parece no tener límites, produjo este texto desopilante, verdadera parodia del optimismo didáctico con que suelen ser interpelados los aprendices de su oficio. De este modo, sin dejar de cumplir con lo pedido, Fontanarrosa nos divierte, abre las puertas de la intimidad de su trabajo y se da el lujo de tomarse el pelo. Todo por el mismo precio.

Comida criolla: Cocinemos un Inodoro
Por Roberto Fontanarrosa

¡Cúantas veces se habrá despertado usted, amigo lector, en medio de la noche preguntándose atormentado "¿Cómo se realiza una historieta?" Pues bien, ahora tiene usted, acá, la oportunidad, única quizás, de adentrarse en los misterios de este "metier" de la mano de un profesional en la materia. Si usted gusta acompañarme podrá asomarse tras las bambalinas del humor creativo y husmear en la cocina misma del autor, percibiendo una vivencia incomparable. Eso sí, entiendo que nada enseña tanto como la experiencia propia y me atrevo a proponerle, entonces, que simulemos armar una historieta juntos.
Muy bien. Tranquilo ahora. Lo primero es el tema. Saber sobre que tema girará la historieta. En ocasiones hay algún asunto dando vueltas en el comentario general, como la Guerra del Golfo, los disturbios de Los Angeles, el cólera, la corrupción, etcétera, con posibilidades de ser adaptados a nuestro personaje: Inodoro Pereyra. ¿Los disturbios de Los Angeles, dice usted? Es bueno, pero... ¿no le parece que es más compatible, acaso, con una bestia como Boogie El Aceitoso, sin ir más lejos? Es comprensible. Usted no tiene la obligación de saber que yo cuento con otro personaje al que debo alimentar de temática adecuada, pero su aporte fue valioso, de todos modos. Adivino en usted a una persona con facilidad para desempeñarse en el difícil arte del humorismo. Dejemos para Inodoro ítems más apropiados como el caso de los frigoríficos clandestinos o el aumento en el precio de la yerba mate. ¿Aventurarnos con Monzer Al Kassar, dice usted? ¿O hablar sobre una controvertida jueza de apellido compuesto? ¡Cómo se nota que no es usted el que firma, mi estimado! Y después de todo ¿para qué hacerlo? Si ella, según su costumbre, no habrá de leerlo.

Pero supongamos, supongamos, que no hay ningún tema dando vueltas para el Inodoro. Habrá que recurrir entonces, a la carpeta con anotaciones. Tendrá usted acceso, restringido quizá, pero acceso al fin, a ese tesoro.
Hay aquí un tumulto de páginas donde yo voy anotando ideas sueltas, frases, situaciones o tontos juegos de palabras. Veamos. "Sea domador en veinte lesiones", Chancho alcancía", "Sigue vigente/¿dónde vio gente?", "Lo encontré hecho unas pascuas/¿contento?/no, gordo y negro como güevo de chocolate". Abrimos casilleros, entonces, con las dos o tres situaciones que, calculamos, pueden soportar el trámite de una historieta: "Escuela de Doma" y "Chancho Alcancía". ¿Prefiere "Escuela de Doma"? Inteligente elección. Pero abordemos la otra, que a simple vista suena como más jugosa. Bueno lo suyo, pero aún carente de olfato profesional. En cada uno de los antedichos casilleros iremos anotando todo lo que se nos ocurra y sumando las frases sueltas o pequeños chistes de la carpeta que tengan relación con cada uno de los temas. "Ahura que las monedas vuelven a tener valor, de nuevo se le ha cotizáu la rastra, don Inodoro", es una apreciación del Mendieta que bien puede insertarse en un contexto propio de la Escuela de Chicago como el de "Chancho alcancía". Vea usted que, así, alguna de las dos columnas va creciendo en procura de alcanzar los ansiados 12/13 cuadritos que configurarán la tira.

Continúa mañana...



Textos e imágen en blanco y negro: diario Clarín, suplemento Cultura y Nación del 11/06/92.

Inodoro Pereyra a color: revista Viva, sin fecha (presumiblemente fines de los '90)