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miércoles, 13 de junio de 2012

Patoruzito, primera historia (II): Mirco Repetto y Tulio Lovato





"Mi viejo hizo cuatro viajes, como Colón; en el último nos trajo a mi madre, a mi hermana y a mí. Nos trasplantó de la Liguria, de los montes Dracos, donde mi abuelo tenía una hostería, de la playa de Cestri Levate, de Santa Margherita, de Rapallo, de toda esa zona de mis correría infantiles, al Mercado de Abasto”.
Así le relataba Mirco Repetto (1915-1999) a Juan Sasturain su llegada a Buenos Aires a los 10 años, en tiempos de Marcelo T. de Alvear (1).

Dentro del mundo editorial, su primer trabajo como redactor fue en Bolita (donde estaban Lino Palacio y Raúl Roux, entre otros), apenas pasados los 15 años (1931/32).
Luego colaboró en Pololo, Mustafá y Barrilete. En estas dos últimas fue redactor, diagramador y director con apenas 20 años. Y realizó los primeros argumentos que dibujó Enrique Rapela. Trabajó en radio como libretista, pasó a dirigir Pilucho (revista infantil) y más tarde - en Fenómeno - hizo una historieta humorística de piratas, además de retocar obras extranjeras.
En 1939 realiza Don Alfonso en el diario socialista La Vanguardia. Allí apareció La vaca Aurora (un calificativo que se usaba en la época para tías y maestras gordas) y - en la edición dominical - Tadeo, el violinista.
En 1940, la vaca se muda a Carasucia, donde Mirco también hace Don Cleptómano.
Aurora más tarde aparece en Mundo Infantil, donde permanecerá alrededor de diez años.
En Patoruzú colaboró durante 1941 en la realización de la película Upa en Apuros y se quedó veinte años, trabajando como diagramador, redactor y guionista, además de ser director tanto de Patoruzú como de Patoruzito. En la primera hizo varios años el chiste mudo de la página tres, (firmando como Mirco), varias secciones personales y otras heredadas, los chistes a doble página de Gubellini, alguna idea de tapa, algún guión de Don Fierro y escribió cuentos con el seudónimo Tadeo de las Llanuras.
En la segunda fue, claro, el autor de los guiones del indiecito, calificados por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno como:
“…inteligentes, que proponían permanente acción, nuevos personajes y escenarios cambiantes” (2).
En la misma revista fue el creador de Vito Nervio, guionando otros personajes e historietas didácticas con temas argentinos.
Más tarde, cuando Quinterno ideó a Patora, fue Repetto quién le dio su particular carácter.
En 1961 se estableció en Paso del Rey, y siguió como colaborador por quince años más.
Disconforme con los nuevos directivos de la editorial (impuestos por los hijos de Quinterno), se fue a trabajar con García Ferré, para quién remozó personajes como Neurus, Larguirucho, Cachavacha e ideó los argumentos de Hijitus y Anteojito.
En la década del ’70, en tanto, La Vaca Aurora tuvo revista propia, de la que se publicaron una decena de números.

Antes de continuar con la siguiente biografía, hagamos un alto y volvamos a la aventura iniciada en la entrada anterior: Chiquizuel y sus artimañas obligan a Patoruzito a enfrentarse con la tribu de "Los Comecrudos" , sin embargo un extraño (y prehistórico) "enemigo" ayudará a poner las cosas en su lugar...








Marcelo Antonio Tulio Lovato nació en Buenos Aires en 1915. Fue un destacado estudiante de ingeniería pero, apasionado por el dibujo y la pintura, finalmente se dedicó de lleno a estas actividades.
A comienzos de la década del ’40, Dante Quinterno tenía entre sus proyectos la realización de dibujos animados. Para ello, contrató a dibujantes de gran capacidad, entre los que se encontraba el propio Lovato. Allí Tulio se convierte en director y supervisor de la tarea de los dibujantes animadores dedicados a la concreción de la película Upa en Apuros.
Además, Quinterno le confía tanto las tiras de Patoruzú en el diario “El Mundo” como las páginas del indio en la revista semanal. Como lo explica Miguel Dao en su blog…
“Es así como, ya desde fines de 1940, Quinterno introduce a Lovato como colaborador en las andanzas del indio, dejándolas exclusivamente a su cargo a mediados del ’41. En tanto que Lovato las dibuja hasta principios del ’44, con una última intervención en mayo de ese año”. (3)
Cuando Dante decidió crear el semanario Patoruzito, Lovato pasó de Patoruzú a esta nueva revista. La experiencia adquirida en la editorial más su notable sensibilidad le permitieron desarrollar en su totalidad las aventuras del pequeño cacique. Comentan Trillo y Saccomanno:
“Lovato fue generando un mundo transparente, idílico, en el que Patoruzito, el Bueno, resolvía los problemas más difíciles con una sonrisa que lo acompañaba en más de un cincuenta por ciento de los cuadritos”. (4)
Si bien con esta tarea y la de reemplazar a Quinterno en los dibujos de Patoruzú ya se estaba ganando un lugar de privilegio entre los grandes dibujantes humorísticos, no fue suficiente para él debido a que también brilló en la historieta seria, como el autor integral de Rinkel, el Ballenero, una aventura de barcos en los mares del sur. Volvamos a las palabras de Trillo y Saccomanno:
“Curioso caso de ‘doble personalidad’ el de Tulio Lovato, que dibujaba Patoruzito, hacía el lápiz del indio y creaba una maravillosa historia propia, dramática, seria, con innegable fuerza y resuelta con impecable vigor”. (5)
Los logros de Tulio no terminan aquí: participó con sus dibujos en campañas publicitarias, fue ilustrador en diversas publicaciones y un especialista - dentro de la pintura – en la creación de ‘marinas’.
Más tarde, a comienzos de los ’70, gracias a sus conocimientos de animación, organizó un estudio de dibujo animado publicitario.
Tras su fallecimiento en 1979, el creador de Patoruzú expresó que este desenlace...
“significó la amputación del brazo y la pierna derechos de nuestra empresa”. (6)
No podría existir una afirmación más acertada: se trató de un gran dibujante que fue admirado y reconocido por todos sus colegas.



(1) Juan Sasturain: reportaje a Mirco Repetto publicado en el libro “Buscados Vivos” (Astralib, 2004)

(2), 4) y 5) Carlos Trillo – Guillermo Saccomanno: "Historia de la Historieta Argentina" (Ediciones Record, 1980): Capítulo 10: "¡Salió Patoruzito!"

(3) Dao, Miguel: fragmento correspondiente al artículo “A Quinterno lo que es de Quinterno, a Lovato lo que es de Lovato”, publicado en el blog del autor (“Historietas-Cine-Teatro, por Dao”) el 29 de abril de 2012.

6) Vásquez Lucio, Oscar: "Historia del Humor Gráfico y Escrito en la Argentina", Tomo II, EUDEBA, 1987.




martes, 19 de abril de 2011

Don Goyo Sarrasqueta y Obes

Publicado en Caras y Caretas en las décadas del '10 y del '20 del siglo pasado, Don Goyo Sarrasqueta y Obes - de Manuel Redondo - es considerado el primer personaje de historieta ( y por lo tanto también humorístico) argentino. Veamos algunos comentarios sobre este tema y sobre la historieta en sí:

"En aquellos primeros años (inicios del siglo XX), ya comienza a notarse la influencia de dibujantes norteamericanos, especialmente en las ilustraciones publicitarias. Y a una clara inspiración de Frederick Burr Opper y su "Happy Hooligan", se debe la primera historieta argentina con personajes fijos: Viruta y Chicharrón, de Manuel Redondo. Redondo ya había publicado numerosas ilustraciones en Caras y Caretas y algunas páginas historietadas sin personaje fijo. Finalmente, en 1912, luego de haber observado a fondo el mecanismo de las tiras norteamericanas y tras reproducir en Chicharrón los rasgos del poético vagabundo de Opper, inicia el primer "cartoon" nacional con continuidad semanal (...).
Al año siguiente de iniciada Viruta y Chicharrón, Manuel Redondo toma un personaje que ya el dibujante Alonso había utilizado durante el año anterior para urdir breves sátiras políticas, y con el desarrolla una serie que exhibe las pequeñas, mezquinas ruindades de un inmigrante español ávido de figuración. La historieta lleva el nombre de este personaje, Sarrasqueta y, (...) jamás utilizó globos, desarrollando siempre el relato escrito al pie de cada cuadro."
(Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno: Historia de la Historieta Argentina, Ediciones Record, 1980).

Primera publicación (1913), en CyC nro. 777

"Cabe al dibujante español Manuel Redondo - que se había incorporado a Caras y Caretas poco tiempo antes - crear en 1913 el primer personaje de historieta argentino: Don Goyo Sarrasqueta y Obes. Este personaje adopta cualquier profesión, al punto de hacerse pintor de cuadros porque cuesta menos trabajo que limpiar botines; será corresponsal de guerra en 1914 y experto en modas en 1927. Pero haga lo que haga, no pierde de vista los temas de actualidad, y ya en el año inicial de la historieta, "aburrido de la carestía de la vida, decide emplear para su alimentación los medios económicos y científicos que aconseja la ciencia moderna..." (...). La popularidad de Sarrasqueta se mantendrá por varios años, y no precisamente por la simpatía de sus rasgos físicos; se dirá con acierto que la alegría y la tristeza "en la mueca tétrica de Sarrasqueta son bastante parecidas entre sí." (Oscar E. Vázquez Lucio -Siulnas-: Historia del Humor Gráfico y Escrito en la Argentina, Tomo 1 - 1801/1939, Eudeba, 1985).

CyC nro 792 (1913) y una página del año 1914 donde vemos a Sarrasqueta inmerso en el tema de la Primera Guerra Mundial

"Se considera a Sarrasqueta como el primer personaje humorístico argentino (...). Prefigurado en "El empleado perezoso", del número 743 (1912), Don Goyo Sarrasqueta y Obes, con nombre y apellido, apareció por primera vez el 23 de agosto de 1913 (Nro. 777), en la secuencia "Alimentación futurista", y desde entonces estaría presente en Caras y Caretas por más de quince años. Es necesario al hablar de este personaje volver sobre la influencia temática, formal y argumental que el teatro ejerció en las primeras historietas (...), en Sarrasqueta la poderosa preeminencia de la teatralidad tiene un inconfundible tono de farsa. Por un lado, el protagonista es un simulador, un mísero inmigrante que procuraba aparentar no ya sólo en busca de prestigio social sino porque era íntimamente un enajenado cultural (...). Sarrasqueta era un actor en procura de un personaje imposible que le permitiera establecerse. Como tal, Sarrasqueta poseía solamente dos expresiones, reducidas a muecas (...), ya sea de amargura y desprecio o de obsecuencia y miserable satisfacción (...)." (José María Gutierrez . De la caricatura política a las primeras series, Página/12-Biblioteca Nacional, 1999).

La serie también tuvo sus planchas a color
(CyC 1014 y 1027, de 1918)

"Dibujado por Alonso, el personaje apareció por primera vez en Caras y Caretas en 1912 para hacer comentarios satíricos de la realidad, y un año después se instaló en forma de plancha, de la mano de Manuel Redondo. Sarrasqueta es un inmigrante español, ventajero y escalador, ávido de dinero fácil y de figuración. Lector del diario La Prensa, fue definido por su autor como "un convencido socialista, entusiasta demócrata, antiguo radical, conservador de lo suyo, defensor de los derechos del hombre y de los deberes de la mujer".
En la historieta, cuya ambientación está cargada de información, la ciudad no es sólo un escenario sino parte de la crítica que le da valor histórico al cómic. Acto fundacional del género en la Argentina, el personaje ancla los episodios en un contexto nacional, hito que apenas había sido desarrollado por sus predecesores Viruta y Chicharrón.
La repercusión alcanzada por Sarrasqueta (...) ayudó a moldear el estereotipo del porteño, que el género explotó desde sus inicios hasta estos días: personajes ambiciosos, mandapartes, mujeriegos, nostálgicos del café, frustrados de oficina." (Judith Gociol, Diego Rosemberg: La Historieta Argentina, una historia, De la Flor, 2000).

CyC 1034 y 1040 (1918)

Manuel Redondo falleció a mediados de 1928. Dentro de las páginas dedicadas a la actualidad y a las notas sociales, en la Caras y Caretas nro. 1548 del 2 de junio de ese año se comenta: "Artista humilde y silencioso, colaboró desde la época inicial en sus páginas, a través de las cuales cedió a la popularidad la figura caricaturesca más difundida. Solitario incorregible, temperamento silencioso, espíritu escéptico por naturaleza, aportó, no obstante ello, su labor edificante a esta casa en donde se lo quería, y su aporte tuvo en todo instante ese sello de modestia que era característica de su vida. Fue, por sobre todos sus méritos de dibujante, un hombre sencillamente bueno. Caras y Caretas lo vió partir con la emoción que inspira el alejamiento de los seres cordiales."

CyC 1182 Y 1192 (1921)