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domingo, 10 de mayo de 2015

Tía Vicenta, de paseo por Puerto Madero



Facebook Landrú



Una revista que hizo historia, un nombre inolvidable y un humorista de los grandes de verdad. Todo confluye armoniosamente cuando nos referimos a Tía Vicenta. Transcribo el texto publicado en el Facebook de Landrú:

Tía Vicenta vuelve para quedarse. Este sábado 9 de mayo, la señora gorda más famosa del país se incorporó al Paseo de la Historieta. La estatua de Tía Vicenta los espera en Juana Manso y Azucena Maizani (entre Starbucks y Persicco), Puerto Madero. Grande, Landrú!

Felicitaciones a Landrú (a quien ya se le había dedicado un mural en el mismo Paseo), a su familia, a los escultores y a los hacedores del Paseo de la Historieta, con Horacio Maradei  a la cabeza. Le agradezco mucho a la Fundación Landrú la invitación recibida y mil disculpas por no haber podido asistir.


Facebook Landrú


La siguiente biografía pertenece al sitio del Paseo de la Historieta:

https://paseodelahistorieta.buenosaires.gob.ar/


Juan Carlos Colombres nació el 19/01/1923 en Buenos Aires. Se especializó en humor gráfico y escrito. Sus obras, de corte sociopolítico, están impregnadas de ironía e incluyen representaciones caricaturescas de dirigentes políticos y actores de la vida pública.
En 1947, mientras aún trabajaba en la revista Don Fulgencio editada por Lino Palacio, comenzó a editar su propia revista humorística llamada Cascabel. Por temor a la censura, Faruk, hijo de Lino Palacio y muy amigo de Colombres, le sugirió que utilizara un nombre ficticio diciéndole que cuando usaba barba tenía un rostro muy similar al asesino serial de mujeres francés Henri Désiré Landru. 
En 1957 fundó la revista Tía Vicenta. Luego se desempeñó en las revistas Gente y Satiricón y en los diarios El Mundo (1960-67) y Clarín (desde 1975).
Publicó los libros Landrú se fue a la guerra (1964), Las clases magistrales de Landrú (1972), La razón de mi tía (1988), El humor privatizado (1990) y Landrú por Landrú (1993).

El humor gráfico de Landrú incluso puede superar a su humor escrito ya que, como Oski, se ha basado en dibujos aparentemente sencillos en los cuales muy sabiamente se dan las deformaciones necesarias que caracterizan a logradas caricaturas.
Landrú ha recurrido muchas veces a genuinas metáforas visuales. Uno de los rasgos más típicos en las caricaturas gráficas de Landrú es la presencia de un gato dibujado con una amplia sonrisa y los ojos abiertos con mirada pícara, tal gato se halla casi siempre cerca de la firma, como si el felino representara al humorista siendo testigo de un mundo absurdo al cual se observa y soporta a través del humor. 
Miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Recibió los premios: Medalla de Oro (Asociación Argentina de Dibujantes (1948, 1954 y 1971), Argentores (1963), ADEPA (1967-1974) y la Orden de los Caballeros de San Martín de Tours, entre otras distinciones.

Visitar: 
http://www.tiavicenta.com/
http://www.lanacion.com.ar/211741-tia-vicenta-la-joya-de-la-familia




miércoles, 9 de octubre de 2013

Siulnas caricaturista


Autocaricatura

Para complementar la entrada anterior vamos a recorrer ahora un grupo de trabajos de Oscar Vázquez Lucio como caricaturista.
De la misma forma que ocurrió con sus trabajos de investigación, Siulnas se preocupó muchas más por retratar antes a sus propios colegas que a sí mismo. También incursionó en el mundo de la política (de la que podemos observar aquí un notable trabajo sobre Raúl Alfonsín) y creó un estilo al que denominó "Geometría humanizada" o "Humanidad geometrizada", del cual se agregan comentarios al pie de los dibujos correspondientes.
En todos los casos se combinan de manera virtuosa síntesis gráfica y capacidad para mostrar la personalidad del retratado. Y aunque en la actualidad se lo reconozca principalmente como un gran historiador, Siulnas fue -en esencia- un dibujante muy creativo.


   
Carlos Basurto (1981) y Juan Ángel Cotta (1948)


   
Héctor L. Torino (1976) y Adolfo Mazzone (1954)



Arturo Frondizi y José María Guido
 dibujados en Tía Vicenta tras el derrocamiento del primero. 
El argumento de esta historieta  se utilizó después
 en un cortometraje de dibujos animados titulado "El presidente viajero"


De Gaulle y Arturo Illia: "Tercera posición" (s/f)


Raúl Alfonsín (1985)






De la serie "Geometría humanizada"
 o "Humanidad geometrizada", realizada entre 1947 y 1953.
Aparecen, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: 
José Pedrido Villanueva, Paul Conquet, Humberto Cerantonio, 
Carlos Gómez del Campo, Oliverio de Allende, Vicente Vaccaro, 
Ramón Columba, Erika Wartensleben, Narciso Márquez y Oscar Bevilacqua.




Historietas y chistes unitarios de Siulnas en este mismo blog, ver:      



Las caricaturas escaneadas pertenecen a los siguientes libros:
AAVV: Los presidentes y el humor (Manrique Zago Ediciones, ¿1990?).
Siulnas: Historia del humor gráfico y escrito en la Argentina - Tomo II (Eudeba, 1987).
               Todo en Rayas (Editorial Epidauros, Panamá, 1985).

sábado, 19 de enero de 2013

Landrú, 90 años de humor inteligente


Revista Ñ


El gran Juan Carlos Colombres -Landrú- cumple hoy 90 años, nada menos.
Recordamos a esta figura imprescindible de nuestro humor gráfico a través de:
- Un reportaje publicado en 2003 por el diario La Nación, momento en que fue declarado Ciudadano Ilustre por la Legislatura Porteña;
- El valioso documental de la serie El Mosquito producido por el canal Encuentro y que abarca el período donde nació Tía Vicenta (con la palabra de su fundador):



Jueves 07 de agosto de 2003 - Publicado en edición impresa.

Reconocimiento a la trayectoria: la Legislatura porteña lo declaró ciudadano ilustre 
Landrú, un surrealista del humor

El dibujante considera que predomina el chiste político por los sucesivos "destapes" de la vida del país 

Por Willy G. Bouillon De la Redacción de LA NACION




"El humor actual se volvió más político a partir de la Revolución Libertadora, que derrocó a Perón, porque hubo como un destape respecto de tiempos en que no se podían cargar las tintas sobre el Gobierno. Ahora hay otro destape, el que vino con la democracia. Pero yo sigo privilegiando la mirada sobre el absurdo. Sigo siendo un surrealista." 

A los 80 años, el dibujante Juan Carlos Colombres, conocido como Landrú, mantiene su estilo y marca qué diferencias hay entre el humor que se hacía en la época de sus comienzos respecto de la actual. El balance viene a cuento porque la Legislatura porteña lo acaba de declarar ciudadano ilustre, en reconocimiento a su trayectoria.

"Ciudadano ilustre significa ser ilustrado, pero yo leo una noticia en un diario y la misma en otro, y resultan diferentes. Esa desinformación me lleva a considerarme un desilustrado . De modo que creo que han cometido un error, pero prometo luchar para llegar a ser ilustradísimo."

Colaborador del diario El Mundo, entre 1960 y 1967, y de Clarín, desde 1975, Landrú fundó en 1957 la famosa revista Tía Vicenta. En 1971 le fue conferido el premio periodístico Moors Cabot, de la Universidad de Columbia, y hoy es miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo. También ha sido distinguido en varias oportunidades por la Asociación de Dibujantes Argentinos. 

LA RISA, UN PARÉNTESIS 

Entrevistarlo es un privilegio. Se ingresa en un placentero paréntesis en el escenario de la vida cotidiana. Si la carcajada irrumpe con demasiada frecuencia, el problema -lo "serio"- parece perder entidad. Porque Landrú habla de sí mismo como dibuja: sin dejar de servirse del humor. Por ejemplo, cuando recordó que, además de sus célebres humoradas políticas, en Clarín tiene una columna "culinaria" en la sección Ollas y Sartenes. Trae al diálogo una "receta para hacer agua tibia", que consistía en poner en una olla una taza con agua caliente y otra con agua fría y mezclar. 

"Una lectora me llamó para preguntarme si no había que agregarle sal", dice. 

Landrú califica su estilo más bien de surrealista. La modalidad la tomó de una revista italiana que leía en su infancia. Le tomaba el pelo a Mussolini, pero el régimen no podía hacer nada porque eran bromas extrañas, muy disimuladas. Lo hizo mejor después una publicación que ganó gran prestigio en España, La Codorniz. La cerraron tres veces. La primera, porque publicaron un parte meteorológico : "Reina en toda España un fresco general procedente de Galicia", en alusión a Franco. 

LA LÓGICA DEL ABSURDO 

El reconocido humorista comenzó como colaborador en Don Fulgencio, Rico Tipo y Patoruzú, innovando con su lógica del absurdo. El primer dibujo que publicó mostraba a un hombre que le dice a su novia: "Matilde, quiero casarme con vos". "Yo también", responde ella. "Caramba -suelta él-, las cosas comienzan a complicarse." De aquella época inicial es también otro personaje que, muy avergonzado, se dirige a la mujer con la que está casado desde hace 40 años: "Tengo que confesarte algo espantoso: soy negro". Hoy recuerda que cuando se inició en Don Fulgencio, en 1945, firmaba JCC. Su hermano, Ignacio Carlos, que era pintor, usaba las iniciales ICG, que casi se confundían. Y señala que mientras alternaba esa labor con su trabajo como empleado público, colaboraba en Cascabel, una revista antiperonista.

"Si me descubrían, me echaban. Le pregunté a Faruk. Me miró unos segundos y dijo: Ya tengo el seudónimo. Con la barba te parecés al asesino Landrú . Y quedó para toda la vida." 

Por el asesinato de 11 mujeres, André Desiré Landrú fue condenado a morir en la guillotina en 1921. 

"Sin embargo, reapareció conmigo el 19 de enero de 1923. Así que yo, con cabeza y todo, voy para los 81 años", evoca. 

En 1957 hizo su debut el semanario Tía Vicenta, que llegó a vender casi medio millón de ejemplares y fue clausurado en 1966 por el presidente de facto Juan Carlos Onganía, porque Landrú insistía en dibujarlo como una morsa (por su poblado bigote). En 1967 apareció una segunda versión, como Tío Landrú, bastante parecida a la anterior, pero en formato más chico. Estaba prohibido nombrar a Onganía, pero su empecinado director descubrió una forma de hacerlo. Había una inmobiliaria llamada Onganía y Bonifazi. Se ponía "el general Bonifazi", y, por supuesto, todos sabían de quién se trataba. En las épocas militares hubo censura o autocensura, evoca el dibujante.

"Una vez el almirante Emilio Eduardo Massera, cuando integraba la junta militar, nos invitó a un grupo de dibujantes. Nos preguntó si creíamos que había plena libertad de prensa. Le contesté yo: Sí, almirante, hay libertad de prrr... " 

Antes de despedirse, se le comenta que es frecuente la opinión de los dibujantes acerca de que Menem, por muchas de sus características, era el presidente ideal para el humor. ¿También lo es Kirchner? La respuesta no se hace esperar: 

"No sé si con tantas virtudes, pero, por supuesto, tiene cosas muy explotables. Una es que con un ojo mira a su esposa y con otro a Duhalde. Además, siempre vivió en el Sur y casi se cae en la quebrada de Humahuaca, en un helicóptero que era para siete personas. Claro que no tuvieron en cuenta el peso, que sumado daba como de una docena." .



...Y este es el documental del canal Encuentro:





domingo, 13 de mayo de 2012

Primeros trabajos

En estos días pensaba en algo muy particular que suele suceder con humoristas como Caloi, Fontanarrosa y otros grandes: a diferencia de ciertos personajes de la tele, el deporte o la política, que están permanentemente en el candelero, los dibujantes pasan más desapercibidos, están ahí, no se habla mucho de ellos, sus historietas y sus dibujos en general se han hecho tan cotidianos, tan parte de cada día, que su lectura parece de lo más natural. Y sin embargo, cuando se producen estas noticias tan tristes, surge con una fuerza emocionante todo ese cariño que la gente tiene guardado dentro de sí por estos seres especiales y que termina siendo muy superior al brindado a aquella gente a la que nos referíamos al comienzo, y sin distinción de banderas ni ideologías de ninguna clase.
Qué cosa, no? Si dijésemos que por algo será, todos entenderíamos de qué se trata ese "algo".

Por todo esto, creo que sería muy bueno ir intercalando durante este mes distintos momentos de la obra de Caloi. Empezamos hoy con la etapa anterior a la llegada de Clemente:

Carlos Loiseau nació en Salta el 9 de noviembre de 1948, hijo de Luis Alfredo Loiseau y Juana Margarita Cáceres de Loizeau. Luego se trasladó con su familia a Adrogué. Estudió en el Colegio Nacional Buenos Aires y tuvo un muy breve paso por la Escuela de Bellas Artes de La Plata. Militó - en esos años de juventud - en el peronismo.
Comenzó a publicar sus dibujos en 1966 en Tía Vicenta, pero la aventura duró poco tiempo ya que la revista fue cerrada, decreto de Onganía mediante.
En 1968 llegó a Clarín. Pasó por Tío Landrú, Panorama, Primera Plana, Análisis, Adán, María Belén, Siete Días y Satiricón, entre otras.
En 1969 ilustró parte de un libro de Almendra, el grupo de Luis Alberto Spinetta de ese tiempo. El mismo año y hasta 1971 realizó la campaña de los cigarrilos "Parliament": sus dibujos aparecieron en diarios, revistas, afiches y cortos de tv.
En 1970 fue autor de un corto de dibujos animados: Las Invasiones Inglesas. Posiblemente de ese mismo año sea su coautoría en el guión del largometraje "Balada de don Quijano y Sancho Pinza".
Entre tanta actividad, se había casado con 19 años, separándose a los 21.
En este período se presentaron sus dos primeros libros, recopilación de algunos de sus trabajos:
El Libro largo de Caloi (1968) y Humor libre de Caloi (1972).
También el catálogo referido a "Parliament" (1970), además de ilustrar un curioso librito titulado "Como atender a su médico".

En definitiva, ya se van delineando en estos primeros tiempos de su obra varias de sus características y temas predilectos: la reflexión sobre la realidad político-social, los contratiempos en las relaciones de pareja, el barrio, el tango, el deporte, etc; muchas veces matizados con toques surrealistas, poéticos, melancólicos...

Las siguientes son imagenes pertenecientes a las obras mencionadas (salvo la indicada):

Su primer dibujo publicado (Tía Vicenta, 1966)

(Ediciones Hombre Nuevo, 1968)

(Catálogo Parliament, Benson & Hedges/Radiux Publicidad, 1970)

(Editorial Nueva Senda, 1972)

(CAEME, 1972)




El dibujo publicado en Tía Vicenta fue extraído del libro de Caloi "20 años no es nada" (Colección Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamerica, 1988).

sábado, 10 de marzo de 2012

Claves del humor: Landrú (II)


Segunda y última parte de las reflexiones de Landrú sobre el humor:

El Estilo


El primer chiste que hice era bien disparatado, era un hombre que le declaraba el amor a una mujer: “Matilde, ¡te amo!”. Ella dice: ”¡Yo también!”. Él le responde: ”¡Caramba!, entonces las cosas comienzan a complicarse…” Claro, tienen que ponerse de novios, casarse, tener hijos… ¡El lío que era! En esa época la gente no entendía esos chistes. Es muy difícil explicar eso. Ese humor nació en la revista italiana Bertoldo, en la época en que Mussolini era el dictador, el fascista, y que tenía prohibido el humor político en Italia. Ellos hacían un humor surrealista con cachadas al régimen fascista, pero tan sutilmente y tan disparatado que no los podían censurar. Después pasó ese humor a España, a la revista La Codorniz. En plena época de Franco ponían, por ejemplo: “Metereológicas: Reina en toda España un fresco general proveniente de Galicia”, y creo que la clausuraron un día. Después la clausuraron nuevamente y pusieron un pensamiento matemático: “Los almohadines son a los almohadones como los cojines son a x: nos importan dos x que nos suspendan”, y siguieron adelante. Es muy difícil definir qué es la lógica del absurdo, pero es eso. La vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza.
Pero ese humor que utilizaba las paradojas y el absurdo recortándolos sobre el transfondo de lo cotidiano, era celebrado por un grupo muy reducido de lectores.

Cuando yo empecé a dibujar en el año ’45 hacía hombres muy solemnes y en general muy antiguos. Gente con ideas antiguas como el señor Cateura o la misma Tía Vicenta. Entonces tenía que buscarle una vestimenta antigua y me daba la impresión que con ellos causaba más gracia que con personajes de apariencia más moderna. Siempre me resultó más gracioso un señor con una levita que con un traje de líneas rectas. Es el estilo que a mí me gusta y, además, es un estilo muy rápido que me sirve para hacer mis dibujos. De otra manera no podría dibujar doce o trece bocetos diarios para llevar a las redacciones. Mi estilo me permite hacer un chiste de actualidad en cuatro líneas.

Técnicas personales

Una de mis pasiones es el trabajo con los arcaísmos del idioma (…), he rescatado palabras en desuso para incorporarlas a un circuito humorístico y darles nuevamente vida con significados ligeramente distintos.

(Al realizar sus “campeonatos” y “rankings”) fui acusado desde la izquierda de ser un dibujante elitista. Siempre me defendí diciendo que me limitaba a poner en evidencia aquello que los distintos grupos sociales piensan y dicen los unos de los otros, más o menos en secreto (…). Se trataba de jugar con las clasificaciones que funcionan en la sociedad, poniéndolas al mismo tiempo en evidencia de una manera irónica.



El humor no político se nutre también de lo real, al igual que todo proceso creativo o imaginario. Uno de mis procedimientos ha sido el de incorporar a la ficción de los personajes rasgos y hasta nombres de personas reales, muchos de ellos mis amigos. “Jacinto W., el reblan” se inspiró en ese amigo escribano que usaba las medias stretch con ligas Chantecler, “Fofolfi, un niño abominable” en Adolfo Gómez Cainzo; y “Tía Vicenta” fue una sustitución de mi tía Cora... Entre los reblan también hacía aparecer siempre al escribano Lozada Allende, al que le decían Chonchón, y era el novio de Alejandra en “María Belén y Alejandra”. O mi amigo Tapia en los “Breves Cursos de Historia General” apareciendo como Adán, Edipo o Bonaparte…

Ese efecto de realidad en la ficción humorística me atrajo siempre, porque la duda que genera en los lectores (la gente no sabía si existían o no) duplica el interés.
Asi, por ejemplo, lo que sucedió con las secretarias de Tía Vicenta Elena Kufa Y Esther Linares. Elena Kufa era checoslovaca y como su apellido me sonaba gracioso y parecía inventado, la incluía siempre en los chistes y la gente no sabía si existía o no, si era secretaria o periodista o colaboradora, o bien una persona inexistente que sólo vivía como personaje en las páginas de la revista. Llegaron tantas cartas, que finalmente decidí publicar su foto con la leyenda: Esta es Elena Kufa, nuestra secretaria checoslovaca, y como era rubia y vistosa, empezaron a llover cartas de amor. En cuanto a Esther Linares, que era muy petisa, la hacíamos aparecer como ‘nuestra secretaria’ enana. Con el sastre Kochane sucedió algo parecido; nos vendía trajes a crédito a los periodistas de Avivato, y una vez incluí su nombre en un cuento. Entonces él me llamó para que le diagramara un aviso; allí me tomo las medidas, me preguntó qué género me gustaba y me hizo un traje. Cuando quise pagar la primera cuota, no me cobró un centavo, y como me dio un poco de vergüenza, empecé a citarlo con mayor frecuencia. Cuando salió Tía Vicenta, aparecía en boca de los personajes de ‘María Belén y Alejandra’, y en los campeonatos dábamos como premio trajes de Kochane. De golpe se hizo famoso, pero muchos seguían creyendo que era un invento, y se iban hasta la calle Corrientes en Chacarita para ver si la sastrería existía o no (…).

Otra cuestión es que el humor que involuntariamente destilan a veces las palabras tiene que ver con el variadísimo mapa del español, donde un puertorriqueño puede decir por tv: Si, la veldá es que Galdel tenía un ploblema pala plonuncial la l, o bien la casa de junto por la casa de al lado, o voy a mandar mis pantys a la washería, o decirle al médico fisiciano, sin que eso resulte gracioso para ellos. Lo mismo sucede con los matices y diferencias entre argentinos y españoles, o argentinos y colombianos o chilenos… Este humor de las diferencias involuntarias suele aparecer también en la sintaxis. Asi, el español-puertorriqueño utiliza con mucha frecuencia las estructuras del inglés americano. Recuerdo que el titular de un diario hispano en Estados Unidos, informaba del rescate de una niña que se había caído por una alcantarilla y estuvo toda la noche al borde de la muerte, diciendo: Oraciones Salvaron Niña Cloaca Morir.

Utilizo con frecuencia en mis chistes el juego con las palabras y la invención de neologismos. Con mi amigo el escribano Adolfo Gómez Cainzo, armamos hace tiempo una especie de diccionario de neologismos a la manera de las palabras-valija de Lewis Carrol. Gómez Cainzo tenía también la costumbre de acumular informaciones inútiles. Por ejemplo sabía la fecha en que se promulgó la ordenanza Prohibido escupir en el suelo; o descubría respecto de las velocidades de un tocadiscos (33-45-78), que sumando 33 + 45 obtenemos 78, lo cual en realidad no tiene nada que ver con nada… Juntando estos disparates con las excentricidades de lenguaje (decir que el mes de junio la mayonesa era junionesa o que una empanada grande era una empamucha) armé, inspirándome en él, “Fofolfi, un niño abominable”, que apareció en Tío Landrú. Fofolfi hablaba en jeroglíficos, y para entenderlo, el padre había tenido que contratar a un traductor; blanquejo era para Fofolfi un azulejo blanco, y una sorpresa era una religiosa detenida.

Otro de los procedimientos del lenguaje tiene que ver con el desplazamiento y el doble sentido de una palabra. Si leo que es obligatorio para los automovilistas usar cinturones de seguridad, aparece de inmediato la palabra ajuste, como se están haciendo permanentemente ajustes económicos, el chiste se me ocurre por simple contigüidad, asociando cosas que no están necesariamente relacionadas… O bien el chiste se me aparece por un lapsus de lectura, equivocándome en una letra y leyendo autopsia en lugar de autopista.

La mentalidad del humorista se va adaptando a su objeto; suele suceder que la lectura esté precisamente orientada para que el error (el chiste) sea cometido: leer donde dice Ladran, Sancho, Ladran, Chancho; o juntar por un aparente error la palabra palabra (de la fórmula Pido la palabra) con la palabra trucha en palatrucha.

De igual manera, el chiste se constituye en el nivel gráfico por la vía de la sustitución de objetos. Recuerdo que en una época de escasez en la que se penaba con prisión a los acaparadores de huevos, hice la clásica escena del presidiario pero en lugar de la bola de hierro del grillete dibujé un huevo.

Si el humorista se apropia de lo real para construir sus ficciones, también es factible que suceda lo contrario y la realidad lo supere. Así, cuando suceden cosas payasescas en el plano de la política y el gobierno, un chiste puede no ser considerado como tal: ¡Esto no es un chiste! Si lo dijo hace poco tal ministro, o tal o cual secretario, o un amigo del Presidente… En esos casos, el chiste es desbordado por la escena que pretende parodiar; y la primera plana de un diario puede parecerse a los anuncios de un show. Entre estas paradojas y con estas técnicas, he ido construyendo - a lo largo de cincuenta años – mi paciencia y mi humor.




Textos e ilustraciones tomados de:

Landrú: La razón de mi tía (Biblioteca Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamerica, 1988)
Landrú: El humor de Landrú (Editorial de Suplementos Periodísticos, 1977)
Russo, Edgardo: Landrú por Landrú! (El Ateneo, 1993)
Russo, Edgardo: La historia de Tía Vicenta (Espasa, 1993)
Ilustradores y Humoristas de Clarín (Agea, 2008)
Tía Vicenta número 4 (1957)
Revista La Nación: Especial Humor (1999)
Da Costa, Ana: Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú (Sala Virtual de Lectura, 1999)

Fotos:

(Parte 1): Fernando Gutiérrez, de un reportaje en La Nación revista; sin datos de la fecha
(Parte 2): Facundo de Zuviría, reportaje para La Nación revista, 1996.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Claves del humor: Landrú (I)

Landrú posando junto al gato sonriente,
quien fue en muchas ocasiones espectador de lujo de sus chistes

Generalmente, al interesarnos en el humor gráfico, pensamos en o somos seguidores de un determinado autor, historieta o personaje. Sin embargo, existe un aspecto que, salvo excepciones, no suele ser encarado con asiduidad y es el referido a cómo se logra llegar a la situación humorística. Dicho de otra manera: ¿Cúales son los mecanismos que provocan la risa?; ¿Qué aspectos tienen en cuenta los profesionales?, ¿Qué creen ellos que es el humor?, ¿Cómo lo transmiten a través de un estilo personal?, ¿Cómo llegan a encontrar ese estilo?... y muchos etcéteras más.
Tal es la propuesta de la actual entrada, divida por su extensión en dos partes, y que se nutre en el presente caso de la palabra de uno de los grandes de nuestro humor gráfico: Juan Carlos Colombres (Landrú); esperando en el futuro poder incluir otros autores.
Este dibujante, nacido en Buenos Aires un 19 de enero de 1923 y ya retirado del oficio, ha tenido una singular capacidad para observar y retratar las diferentes clases de la sociedad porteña. Su apodo surgió del comentario que alguna vez le hicieran sobre su parecido con Henri Désiré Landrú, un asesino serial de mujeres francés y, curiosamente, muerto (en la guillotina) en la misma fecha de nacimiento de Colombres. De allí que el dibujante especulara con la posibilidad de ser su reencarnación…
Fue el creador a fines de los ’50 de unas de las revistas más célebres del humor político nacional: Tía Vicenta, además de participar en infinidad de publicaciones a lo largo de más de 50 años.
Pero por ahora no vamos a adentrarnos mayormente en la trayectoria de este hombre inteligentísimo.
La idea es, mediante fragmentos tomados de algunos libros dedicados a él, responder a las preguntas del comienzo gracias a sus propias reflexiones.
Por supuesto, las mismas tienen su costado subjetivo y se podrá acordar en todo o en parte con ellas, pero lo verdaderamente importante es que se trata de una enseñanza muy valiosa, a tono con la capacidad de su autor.

El humor

El humor es un rasgo de inteligencia porque generalmente la gente opa no se ríe, no entiende los chistes. La inteligencia es la memoria. La memoria es una característica de la inteligencia, por eso al cerebro lo considero un músculo. En la gente que no cultiva el músculo, el músculo se atrofia (…). Yo todos los días al pensar chistes hago trabajar la mente…

La risa

Al cumplir tres meses mi hija, descubrí una teoría: yo le mostraba el dedo y ella me lo agarraba. Lo mismo sucedía la segunda vez y la tercera. A la cuarta vez que intentaba tomar el dedo se lo sacaba, y se reía. En ese preciso instante comprobé que la risa es sorpresa, algo que aparece cuando no se lo espera (…). Siguiendo la lógica del absurdo, no es difícil descubrir que la vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza. Así, por ejemplo, es un disparate que una mujer diga: “Estoy esperando que nazca mi hijo para saber cómo se llama”. Para un humorista sólo se trata de escuchar esos discursos y de saber recrearlos.


El chiste

(…) Yo trato de pensar cúal es el chiste que quiere leer el público. Leo las principales noticias del diario, oigo la radio y digo: éste es el chiste. Lo elijo, lo llevo al diario, llevo varias opciones y me elijen una o dos, a veces no publican ninguno por falta de espacio, pero siempre van quedando.
Por lo general uno siempre tiene un límite de elección o buen gusto. Para hacer humorismo hay que tener en cuenta, también, de qué se ríe hoy la gente, porque un chiste que hace tres o cuatro años hacía desternillar de risa hoy no provoca ni una mueca.

Los dibujos

Refiriéndome al trazo de mis dibujos, que últimamente han sido definidos como “minimalistas”, debo decir que en los comienzos durante la época de la revista Don Fulgencio, hacía los dibujos a gran escala y con muchos detalles: vacas, pájaros, perros, gatos, vecinos, personajes secundarios, etcétera. Cuando los achicaban para imprimirlos, me daba cuenta de que todo se empastaba y quedaba demasiado barroco. De modo que fui optando progresivamente por la simplificación: una sola vaca, un pájaro y, naturalmente, el gato riéndose que se transformó en otra firma mía; al mismo tiempo empecé a dibujar el original del mismo tamaño en el que aparecería reproducido. Esto último, si bien exigió de mí una mayor concentración, me permitió encontrar una línea más austera.

Y otra cosa muy importante es que a veces, sin ser una crítica, hay algunos dibujantes que hacen un dibujo muy bueno, pero no se sabe si los personajes están en el campo, en la ciudad o dentro de una casa. Por eso yo siempre que dibujo un personaje le agrego la escenografía: si están en el campo agrego pajaritos, nubes, sol; si están en la casa siempre hago el piso, un cuadro, la pared, una mesa, para que sepan. Porque a veces el lugar donde están las personas está identificado con el chiste.

El humor político

(Sobre Tía Vicenta) Al principio la lógica del absurdo la llevé a la política y la gente no entendía esos chistes. Empecé a reparar en la actitud de los políticos y me fogueé en las revistas durante mucho tiempo (…). Todo mi trabajo se basó en la observación de la política (...). Quise crear un nuevo estilo. Hacía juegos de palabras, por ejemplo: en lugar de “Arturo Frondizi” ponía “Artizi Fronduro”. La gente cada vez se entusiasmó más con ese nuevo humor porque lo fue entendiendo (…).

Yo sabía que una revista no es una suma de notas, chistes y artículos, sino que debe materializar un espíritu. Cada dibujante tenía un estilo propio, pero el espíritu que nos unificaba estaba basado en la espontaneidad, el disparate y la falta de solemnidad, ya se tratase de la política o de los hábitos sociales.

Por mi parte, siempre descreí del humor oficialista. Pienso que el humor es necesariamente crítico y, si es oficialista, fracasa. Podría ampliar aún este enfoque, y decir que todo diario oficialista fracasa.

En el humor político hay que tener mucho cuidado para no herir susceptibilidades, por eso yo nunca hago chistes contra ni a favor, yo hago chistes sobre. Sobre una situación o sobre una persona, reconociendo siempre los costados críticos como una condición indispensable de su eficacia.

El humor político está igualmente limitado por el sentido de la oportunidad. La actualidad modifica los personajes que uno dibuja, y hasta puede decretar su muerte y anticipar el funeral.

Las diferencias entre el humor de invención pura y el humor político son enormes, y no solamente técnicas o formales. El humorista político, especialmente el de un diario, debe estar informado al detalle de todo lo que sucede. De lo contrario, no logrará jamás un verdadero impacto, podrá ilustrar una nota o producir chistes aislados, pero no generar efectos humorísticos cuya sutileza esté en relación directa con la cantidad y calidad de la información que maneja.

Trato de no hacer bromas hirientes, ni tampoco hago chistes cuando un político ha fracasado: espero en todo caso a que quiera volver.

Nunca critiqué a un tipo de clase baja, alta o media. Mis bromas estaban dirigidas a la gente, en general, que quería aparentar algo que no era.

El personaje

El personaje uno lo crea y es dueño de ese personaje. Por ejemplo, yo hago “el señor Porcel” o “Rogelio, el hombre que razonaba demasiado”, o la “familia Cateura”, que eran personajes que tenían mucho éxito en Tía Vicenta, y los hacía a mi manera. A los políticos los hago según las características de ellos…

El humor exige renovarse permanentemente, y saber que como los humanos, los personajes que uno crea tienen una vida limitada. Por eso siempre me he resistido un poco a la historieta, que fija los personajes en una supuesta eternidad mítica. Prefiero el chiste de un solo cuadro, que se alimenta de la realidad y permite renovarse permanentemente, aún cuando el dibujo o el estilo, como en mi caso, permanezcan más o menos invariables.

La caricatura

Desde ya que en la caricatura siempre se tiende a exagerar. El humor es una exageración de la realidad, y la caricatura tiene que ser una exageración de las facciones: a Frondizi que tiene la nariz un poco larga, hay que dibujársela más larga, a Mera Figueroa que usa bigotes muy largos hay que hacérselos larguísimos; a Alfredo Palacios, que andaba siempre de poncho y traje negro había que remarcarle la figura de compadrito, y a Perette que era muy petiso hacerlo enano…

(Para diseñar la caricatura) Primero, veo mucho las características. Cuando surge un nuevo personaje político estudio, miro varias fotos de él, lo miro por televisión y voy delineando los rasgos hasta que hago una caricatura.

Dibujo a los políticos siempre de la misma manera y en la misma posición para evitar la falta de parecido, toda posibilidad de confusión. El lector debe identificar de inmediato al personaje y el lugar donde se encuentra; si está en el campo, en una confitería o en la Casa Rosada. Si es el campo dibujo siempre la vaca o un árbol con un pájaro, si es la ciudad, un vigilante, las casas o la vereda…

Una vez que defino al personaje, insisto en los mismos rasgos, permitiéndome a veces algunas licencias (por ejemplo, a Cavallo, que tiene ojos grandes y redondos, se los dibujo como huevos fritos, lo cual acentúa más aún en el rostro ese aspecto perplejo y azorado).

Debe darse además un doble juego entre el conocimiento del político y el reconocimiento en la caricatura, pues cuando el lector no identifica de inmediato al personaje, el efecto del chiste se pierde. También hay que tener en cuenta que muchos lectores, aunque parezca mentira, desconocen las caras de algunos políticos más o menos relevantes (Jaroslavsky o Luis Zamora), aún cuando aparezcan asiduamente en la televisión; si yo hago un chiste sobre Luis Zamora para ser leído en un medio donde la gente no sabe quién es, el chiste no existe.




(Fuentes, al término de la segunda parte)

jueves, 15 de diciembre de 2011

En España recuerdan a Copi

Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de Copi, el sitio http://www.adn.es/ lo recuerda con el siguiente texto. He agregado una fotografía del dibujante perteneciente a la revista Argentina número 5 del mes de agosto de 1969 y un trabajo realizado para Tía Viceta unos años antes de su partida a Francia.

Copi, la viñeta en las tablas y los párrafos
Sergi Falcó

Se cumplen 24 años de la muerte del ecléctico autor argentino, que usó su concepción disparatada y visual de la realidad tanto en las historietas como en el teatro o las novelas

La popular 'femme assisse', de Copi.

Ser un autor argentino y destacar suele equivaler a ser el blanco perfecto de las comparaciones y las herencias. Es habitual disponer a los grandes nombres siempre con el filtro inevitable de las influencias de autores previos. Los que le deben más a Borges o a Arlt, por ejemplo. Sin embargo, incluso en el enfermizamente referencial panorama literario argentino se pueden encontrar rara avis.
Uno de ellos fue Raúl Damonte Botana, más conocido como Copi. Esta semana se cumplen 24 años de su muerte, que le alcanzó en Paris sin haber llegado al medio siglo de vida. Eminentemente provocador, capaz de saltar del humor sutil al cafre y de jugar con el absurdo y con lo patético a partes iguales, Copi fue ante todo un storyteller: lo suyo era sacarse relatos cortos de la chistera y combinarlos. De ese modo, ideó de una forma tan natural las viñetas como las obras de teatro, e incluso las novelas.
Lengua francesa, pensamiento argentino
Escribió siempre lejos de su patria. Si bien su exilio, al principio forzado y más tarde voluntario, no constituye un argumento de su rareza -pensemos sin ir más lejos, en Cortázar-, sí que deja una consecuencia que acentúa de cierto modo su obra. Y es que Copi escribió toda su prosa y su teatro y sus viñetas en francés, lengua adoptiva que dominaba a la perfección ya antes de ir a Paris.
Y no por ello olvidó sus raíces. De hecho, en obras como Eva Perón o novelas como El uruguayo, La vida es un tango o La Internacional Argentina -estas últimas tres, editadas por Anagrama en Obras (Tomo I), 2010- o bien el escenario o la historia tratan con una extraña mezcla de sorna indisimulada y de feísmo los cleavages más importantes de la idiosincrasia de su país de origen.
Su uso de la lengua francófona conlleva otro efecto, este ya más culpable de que se le considere un satélite aparte en la cartografía de autores argentinos. Notablemente olvidado en su país hasta los noventa, tardó en editarse en castellano. Sin embargo, su excepcionalidad se debe más a otros ámbitos.
Versátil pero siempre igual
Dos, en concreto, que se combinan. Por una parte, es uno de los autores más versátiles que ha dado la creación argentina, capaz de pasar de las viñetas mordaces -en Francia, su Femme assisse, que publicó durante una década en Le Nouvel Observateur, se convirtió en un personaje fetiche- al teatro -siempre escribiendo, a veces dirigiendo e incluso encima del escenario, junto al grupo Pánico- o la novela sin inmutarse.

Tía Vicenta número 7 (1958)

La otra parte es que lo hace fiel a un estilo de fotógrafo oportunista, es decir, de dibujante de cómic. El desarrollo de sus temas -de disparatados entramados conspiranoides a ratas y personajes extraviados, pasando por sexo y demás vergüenzas transformadas en desvergüenzas- evoluciona siempre como una sucesión de escenas que rozan la inverosimilitud con una naturalidad que engancha. Su don fue el de trasladar la frescura y la omisión de la viñeta a las tablas o a las novelas. Ocurre con sus personajes, que avanzan por sus historias como a quien lo van disfrazando a trompicones, y suelen terminar parodiados o transformados en falsas figuras extremas. También en sus estructuras -La vida es un tango, su única obra escrita originalmente en castellano, cuenta la vida entera de un hombre a partir de tres días señalados y muy separados en el tiempo-, que incluso juguetean con el surrealismo y la literatura del absurdo en alguna ocasión -la más clara, El uruguayo-.
Su actitud espontánea, que también asociaba a su propio personaje farandulesco, es lo que le distancia de otra de las ramas de la literatura argentina, la de los simbolistas y provocadores Macedonio Fernández, Osvaldo Lamborghini o Alejandra Pizarnik. Comparte sus dos rasgos, pero se aleja diametralmente en tanto en cuanto lo suyo no es precisamente la solemnidad. De hecho, en el propio uso del lenguaje -aunque originalmente en francés-, Copi destaca por ser diáfano e incluso por trascender las fronteras de lo informal, dando paso a jergas y coloquialismos sin ningún pudor.
Acaso se parezca en su uso de la anécdota y de la imagen a otra figura de excepción de la literatura argentina, César Aira. El escritor, que es conocido por publicar en intervalos de tiempo de seis meses, siempre novela corta escrita, según cuenta, a razón de una cuartilla por día y sin derecho a corregir el rumbo de la narración hasta que no la termina, fue precisamente quien repuso en el mapa literario argentino a Copi. Lo hizo a partir de la edición de una conferencia magistral sobre el díscolo autor porteño (Copi, Beatriz Viterbo Editora, 1991) en la que mostraba su fascinación por el que, como él, suscitó la admiración de compañeros de profesión y crítica pero no halló el reconocimiento de la masa.
En literatura, está comprobado, nadie se resiste a la comparación, ni siquiera las figuras más genuinas.

Para quienes quieran disfrutar de La Mujer Sentada en este mismo blog, cliquear aquí:

http://sonrisasargentinas.blogspot.com/2010/11/copi-la-mujer-sentada.html

miércoles, 3 de agosto de 2011

Mujeres humoristas (IV): Blanca Cotta y Cecilia Palacio

Retomando una de las series inconclusas, nos vamos a ocupar de dos dibujantes bien conocidas: Blanca Cotta y Cecilia Palacio.

Blanca Cotta (1925), hermana de Juan Angel (gran humorista gráfico) , muchos hijos y nietos, poseedora del título de Profesora de Letras, libretista de TV y periodista; colabora en sus inicios en Cara Sucia y Cascabel (década del '40) y hacia fines de los '50 participa en Tía Vicenta, firmando como Cerebela. Comienza a escribir en Clarin en 1968, y alrededor de la misma época dibuja para Anteojito y El Libro de Oro Patoruzú.
También combinó el humor gráfico con sus propias recetas de cocina para Mucho Gusto y en las secciones de la revista de Clarín y el suplemento Ollas y Sartenes, del mismo diario. Ha publicado gran cantidad de libros del tema, ilustrados por ella misma. Además, sus cuadernos coleccionables alcanzaron altísimos tirajes (en la foto, junto a Eduardo Ferro) (1) .
"Los textos míos tratan de ser positivos y constructivos. Soy un ser humano a quien el destino encerró en la cocina, y yo traté de escaparme por una ventanita para enseñar una cocina realizable que me sirva de diálogo con los lectores (...)
La casa donde vivíamos cuando yo era chica queda en la calle Alsina y está exactamente igual, con sus dos balcones. Recuerdo el vestíbulo con su mampara de colores, la pieza de mi hermano Juan Angel, la de Roberto, mi hermano mellizo, el escritorio de papá, el comedor grande para recibir visitas, mi dormitorio y el comedor diario. Después otra mampara de vidrio y un caminito largo que daba a lo que sería el departamento de servicio, con la escalera caracol. A veces, cuando voy caminando hacia el centro de Quilmes lo hago a propósito por la calle Alsina y siento el placer de la nostalgia. Un día voy a pedir permiso para entrar, si no, me da un soponcio (...)
Me acuerdo de cuando mi hermano Juan Angel, que estaba casado con Nené Taboada, vivía en San Isidro. Y pasábamos las Fiestas allí. Yo hacía los bocaditos y el cóctel, y poníamos las mesas afuera, en el jardín. Corrían los brindis. Juan Angel cantaba tangos (yo no, porque cantando soy un sapo). Eran los tangos más reos, desde “Chorra” a “Malevaje”. Me acuerdo también de una noche de tempestad que arrasó con todas las copas que había en las mesas. Eran tiempos felices porque éramos todos. No faltaba nadie. Recordar con nostalgia no es vivir en el pasado. Es la dulzura de volver a ver a aquellos que, de no haberlos tenido, uno no sería lo que es" (2).

Anteojito nro. 407 (1972)


Cecilia Palacio, hija del gran Lino, estudió en la Escuela de Bellas Artes (Profesora de Dibujo y Pintura) y fue una laureada golfista, ganando 10 de 13 torneos sudamericanos.
Como dibujante, comenzó ayudando a su padre pasando a tinta varias tiras, hasta quedarse finalmente con Ramona (su favorita, realizándola hasta 1992) y con Tremebunda y Tarrino:
"Ramona era una mucama de las casa de mis abuelos, mi padre se inspiró en ella para crear un personaje que yo heredé..."
Se dedicó además a dibujar a Chicato y Cicuta, de su hermano Jorge (Faruk) y por último, Lino le encargó pasar a tinta a Don Fulgencio y Avivato.
Con sus hermanos (el mencionado Jorge y el también llamado Lino) fundaron una revista que se llamaba El Aguila Azul, en las que dibujaban los tres y vendían entre la familia.
Entre otras publicaciones, pasó por Tía Vicenta (desde 1957). Y creó un personaje llamado Largucho, que era muy alto y donde la gracia pasaba por los diálogos y situaciones con un amigo gordo y petiso. Hizo varias tiras y estaba por presentarlo, pero un día se encontró con que García Ferré había comenzado a publicar a Larguirucho. Al darse cuenta de que le habían ganado de mano, no continuó.
"En general me gustan las historietas integradas por una familia y basadas en hechos y situaciones de la vida diaria. Creo que allí está el verdadero y más sutil sentido del humor: en encontrar el lado cómico de lo cotidiano". (3)

Un libro recopilatorio de Ramona, dibujado por Cecilia (1977)

Presentación en Tía Vicenta, como bien explica Siulnas (1957) (4)


Bibliografía:

(1) Foto de Fabián Laghi, revista Clarín, decada del '80.

(2) De una entrevista de María Moreno, Página/12, 2002.

3) La Nación Revista, 1978.

(4) Siulnas: Historia del Humor Gráfico y Escrito en la Argentina, tomo 2, Eudeba, 1987.

Siulnas: Catálogo del Museo de la Caricatura Severo Vaccaro "Algo más que un siglo de humor", Cid, 2005

Sitio web del Museo del Dibujo y la Ilustración.

AAVV: Enciclopedia Visual de la Argentina, Agea, 2002/3.