Este blog está dedicado al humor gráfico argentino y tiene como objetivo el repaso de los autores, las historietas y los personajes que le dieron brillo; basándose en el material de revistas, diarios, libros y otros documentos que ayuden a recordar momentos entrañables de este valioso arte y oficio, sin por ello dejar de referirse a la producción de los autores de hoy. En suma, un recorrido por una historia y una actualidad de indudable riqueza.
Maestros
domingo, 10 de mayo de 2015
Tía Vicenta, de paseo por Puerto Madero
miércoles, 9 de octubre de 2013
Siulnas caricaturista
De la misma forma que ocurrió con sus trabajos de investigación, Siulnas se preocupó muchas más por retratar antes a sus propios colegas que a sí mismo. También incursionó en el mundo de la política (de la que podemos observar aquí un notable trabajo sobre Raúl Alfonsín) y creó un estilo al que denominó "Geometría humanizada" o "Humanidad geometrizada", del cual se agregan comentarios al pie de los dibujos correspondientes.
En todos los casos se combinan de manera virtuosa síntesis gráfica y capacidad para mostrar la personalidad del retratado. Y aunque en la actualidad se lo reconozca principalmente como un gran historiador, Siulnas fue -en esencia- un dibujante muy creativo.
sábado, 19 de enero de 2013
Landrú, 90 años de humor inteligente
El gran Juan Carlos Colombres -Landrú- cumple hoy 90 años, nada menos.
Recordamos a esta figura imprescindible de nuestro humor gráfico a través de:
- Un reportaje publicado en 2003 por el diario La Nación, momento en que fue declarado Ciudadano Ilustre por la Legislatura Porteña;
- El valioso documental de la serie El Mosquito producido por el canal Encuentro y que abarca el período donde nació Tía Vicenta (con la palabra de su fundador):
Jueves 07 de agosto de 2003 - Publicado en edición impresa.
domingo, 13 de mayo de 2012
Primeros trabajos
Qué cosa, no? Si dijésemos que por algo será, todos entenderíamos de qué se trata ese "algo".
Por todo esto, creo que sería muy bueno ir intercalando durante este mes distintos momentos de la obra de Caloi. Empezamos hoy con la etapa anterior a la llegada de Clemente:
Carlos Loiseau nació en Salta el 9 de noviembre de 1948, hijo de Luis Alfredo Loiseau y Juana Margarita Cáceres de Loizeau. Luego se trasladó con su familia a Adrogué. Estudió en el Colegio Nacional Buenos Aires y tuvo un muy breve paso por la Escuela de Bellas Artes de La Plata. Militó - en esos años de juventud - en el peronismo.
Comenzó a publicar sus dibujos en 1966 en Tía Vicenta, pero la aventura duró poco tiempo ya que la revista fue cerrada, decreto de Onganía mediante.
En 1968 llegó a Clarín. Pasó por Tío Landrú, Panorama, Primera Plana, Análisis, Adán, María Belén, Siete Días y Satiricón, entre otras.
En 1969 ilustró parte de un libro de Almendra, el grupo de Luis Alberto Spinetta de ese tiempo. El mismo año y hasta 1971 realizó la campaña de los cigarrilos "Parliament": sus dibujos aparecieron en diarios, revistas, afiches y cortos de tv.
En 1970 fue autor de un corto de dibujos animados: Las Invasiones Inglesas. Posiblemente de ese mismo año sea su coautoría en el guión del largometraje "Balada de don Quijano y Sancho Pinza".
Entre tanta actividad, se había casado con 19 años, separándose a los 21.
En este período se presentaron sus dos primeros libros, recopilación de algunos de sus trabajos:
El Libro largo de Caloi (1968) y Humor libre de Caloi (1972).
También el catálogo referido a "Parliament" (1970), además de ilustrar un curioso librito titulado "Como atender a su médico".
En definitiva, ya se van delineando en estos primeros tiempos de su obra varias de sus características y temas predilectos: la reflexión sobre la realidad político-social, los contratiempos en las relaciones de pareja, el barrio, el tango, el deporte, etc; muchas veces matizados con toques surrealistas, poéticos, melancólicos...
Las siguientes son imagenes pertenecientes a las obras mencionadas (salvo la indicada):
Su primer dibujo publicado (Tía Vicenta, 1966)
(Ediciones Hombre Nuevo, 1968)
(Catálogo Parliament, Benson & Hedges/Radiux Publicidad, 1970)
El dibujo publicado en Tía Vicenta fue extraído del libro de Caloi "20 años no es nada" (Colección Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamerica, 1988).
sábado, 10 de marzo de 2012
Claves del humor: Landrú (II)
El Estilo
El primer chiste que hice era bien disparatado, era un hombre que le declaraba el amor a una mujer: “Matilde, ¡te amo!”. Ella dice: ”¡Yo también!”. Él le responde: ”¡Caramba!, entonces las cosas comienzan a complicarse…” Claro, tienen que ponerse de novios, casarse, tener hijos… ¡El lío que era! En esa época la gente no entendía esos chistes. Es muy difícil explicar eso. Ese humor nació en la revista italiana Bertoldo, en la época en que Mussolini era el dictador, el fascista, y que tenía prohibido el humor político en Italia. Ellos hacían un humor surrealista con cachadas al régimen fascista, pero tan sutilmente y tan disparatado que no los podían censurar. Después pasó ese humor a España, a la revista La Codorniz. En plena época de Franco ponían, por ejemplo: “Metereológicas: Reina en toda España un fresco general proveniente de Galicia”, y creo que la clausuraron un día. Después la clausuraron nuevamente y pusieron un pensamiento matemático: “Los almohadines son a los almohadones como los cojines son a x: nos importan dos x que nos suspendan”, y siguieron adelante. Es muy difícil definir qué es la lógica del absurdo, pero es eso. La vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza.
Pero ese humor que utilizaba las paradojas y el absurdo recortándolos sobre el transfondo de lo cotidiano, era celebrado por un grupo muy reducido de lectores.
Técnicas personales
Una de mis pasiones es el trabajo con los arcaísmos del idioma (…), he rescatado palabras en desuso para incorporarlas a un circuito humorístico y darles nuevamente vida con significados ligeramente distintos.
(Al realizar sus “campeonatos” y “rankings”) fui acusado desde la izquierda de ser un dibujante elitista. Siempre me defendí diciendo que me limitaba a poner en evidencia aquello que los distintos grupos sociales piensan y dicen los unos de los otros, más o menos en secreto (…). Se trataba de jugar con las clasificaciones que funcionan en la sociedad, poniéndolas al mismo tiempo en evidencia de una manera irónica.
Ese efecto de realidad en la ficción humorística me atrajo siempre, porque la duda que genera en los lectores (la gente no sabía si existían o no) duplica el interés.
Asi, por ejemplo, lo que sucedió con las secretarias de Tía Vicenta Elena Kufa Y Esther Linares. Elena Kufa era checoslovaca y como su apellido me sonaba gracioso y parecía inventado, la incluía siempre en los chistes y la gente no sabía si existía o no, si era secretaria o periodista o colaboradora, o bien una persona inexistente que sólo vivía como personaje en las páginas de la revista. Llegaron tantas cartas, que finalmente decidí publicar su foto con la leyenda: Esta es Elena Kufa, nuestra secretaria checoslovaca, y como era rubia y vistosa, empezaron a llover cartas de amor. En cuanto a Esther Linares, que era muy petisa, la hacíamos aparecer como ‘nuestra secretaria’ enana. Con el sastre Kochane sucedió algo parecido; nos vendía trajes a crédito a los periodistas de Avivato, y una vez incluí su nombre en un cuento. Entonces él me llamó para que le diagramara un aviso; allí me tomo las medidas, me preguntó qué género me gustaba y me hizo un traje. Cuando quise pagar la primera cuota, no me cobró un centavo, y como me dio un poco de vergüenza, empecé a citarlo con mayor frecuencia. Cuando salió Tía Vicenta, aparecía en boca de los personajes de ‘María Belén y Alejandra’, y en los campeonatos dábamos como premio trajes de Kochane. De golpe se hizo famoso, pero muchos seguían creyendo que era un invento, y se iban hasta la calle Corrientes en Chacarita para ver si la sastrería existía o no (…).
Utilizo con frecuencia en mis chistes el juego con las palabras y la invención de neologismos. Con mi amigo el escribano Adolfo Gómez Cainzo, armamos hace tiempo una especie de diccionario de neologismos a la manera de las palabras-valija de Lewis Carrol. Gómez Cainzo tenía también la costumbre de acumular informaciones inútiles. Por ejemplo sabía la fecha en que se promulgó la ordenanza Prohibido escupir en el suelo; o descubría respecto de las velocidades de un tocadiscos (33-45-78), que sumando 33 + 45 obtenemos 78, lo cual en realidad no tiene nada que ver con nada… Juntando estos disparates con las excentricidades de lenguaje (decir que el mes de junio la mayonesa era junionesa o que una empanada grande era una empamucha) armé, inspirándome en él, “Fofolfi, un niño abominable”, que apareció en Tío Landrú. Fofolfi hablaba en jeroglíficos, y para entenderlo, el padre había tenido que contratar a un traductor; blanquejo era para Fofolfi un azulejo blanco, y una sorpresa era una religiosa detenida.
La mentalidad del humorista se va adaptando a su objeto; suele suceder que la lectura esté precisamente orientada para que el error (el chiste) sea cometido: leer donde dice Ladran, Sancho, Ladran, Chancho; o juntar por un aparente error la palabra palabra (de la fórmula Pido la palabra) con la palabra trucha en palatrucha.
De igual manera, el chiste se constituye en el nivel gráfico por la vía de la sustitución de objetos. Recuerdo que en una época de escasez en la que se penaba con prisión a los acaparadores de huevos, hice la clásica escena del presidiario pero en lugar de la bola de hierro del grillete dibujé un huevo.
Textos e ilustraciones tomados de:
Landrú: La razón de mi tía (Biblioteca Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamerica, 1988)
Landrú: El humor de Landrú (Editorial de Suplementos Periodísticos, 1977)
Russo, Edgardo: Landrú por Landrú! (El Ateneo, 1993)
Russo, Edgardo: La historia de Tía Vicenta (Espasa, 1993)
Ilustradores y Humoristas de Clarín (Agea, 2008)
Tía Vicenta número 4 (1957)
Revista La Nación: Especial Humor (1999)
Da Costa, Ana: Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú (Sala Virtual de Lectura, 1999)
Fotos:
(Parte 1): Fernando Gutiérrez, de un reportaje en La Nación revista; sin datos de la fecha
(Parte 2): Facundo de Zuviría, reportaje para La Nación revista, 1996.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Claves del humor: Landrú (I)
Tal es la propuesta de la actual entrada, divida por su extensión en dos partes, y que se nutre en el presente caso de la palabra de uno de los grandes de nuestro humor gráfico: Juan Carlos Colombres (Landrú); esperando en el futuro poder incluir otros autores.
Este dibujante, nacido en Buenos Aires un 19 de enero de 1923 y ya retirado del oficio, ha tenido una singular capacidad para observar y retratar las diferentes clases de la sociedad porteña. Su apodo surgió del comentario que alguna vez le hicieran sobre su parecido con Henri Désiré Landrú, un asesino serial de mujeres francés y, curiosamente, muerto (en la guillotina) en la misma fecha de nacimiento de Colombres. De allí que el dibujante especulara con la posibilidad de ser su reencarnación…
Fue el creador a fines de los ’50 de unas de las revistas más célebres del humor político nacional: Tía Vicenta, además de participar en infinidad de publicaciones a lo largo de más de 50 años.
Pero por ahora no vamos a adentrarnos mayormente en la trayectoria de este hombre inteligentísimo.
La idea es, mediante fragmentos tomados de algunos libros dedicados a él, responder a las preguntas del comienzo gracias a sus propias reflexiones.
Por supuesto, las mismas tienen su costado subjetivo y se podrá acordar en todo o en parte con ellas, pero lo verdaderamente importante es que se trata de una enseñanza muy valiosa, a tono con la capacidad de su autor.
El humor
El humor es un rasgo de inteligencia porque generalmente la gente opa no se ríe, no entiende los chistes. La inteligencia es la memoria. La memoria es una característica de la inteligencia, por eso al cerebro lo considero un músculo. En la gente que no cultiva el músculo, el músculo se atrofia (…). Yo todos los días al pensar chistes hago trabajar la mente…
La risa
Al cumplir tres meses mi hija, descubrí una teoría: yo le mostraba el dedo y ella me lo agarraba. Lo mismo sucedía la segunda vez y la tercera. A la cuarta vez que intentaba tomar el dedo se lo sacaba, y se reía. En ese preciso instante comprobé que la risa es sorpresa, algo que aparece cuando no se lo espera (…). Siguiendo la lógica del absurdo, no es difícil descubrir que la vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza. Así, por ejemplo, es un disparate que una mujer diga: “Estoy esperando que nazca mi hijo para saber cómo se llama”. Para un humorista sólo se trata de escuchar esos discursos y de saber recrearlos.
(…) Yo trato de pensar cúal es el chiste que quiere leer el público. Leo las principales noticias del diario, oigo la radio y digo: éste es el chiste. Lo elijo, lo llevo al diario, llevo varias opciones y me elijen una o dos, a veces no publican ninguno por falta de espacio, pero siempre van quedando.
Por lo general uno siempre tiene un límite de elección o buen gusto. Para hacer humorismo hay que tener en cuenta, también, de qué se ríe hoy la gente, porque un chiste que hace tres o cuatro años hacía desternillar de risa hoy no provoca ni una mueca.
Los dibujos
Refiriéndome al trazo de mis dibujos, que últimamente han sido definidos como “minimalistas”, debo decir que en los comienzos durante la época de la revista Don Fulgencio, hacía los dibujos a gran escala y con muchos detalles: vacas, pájaros, perros, gatos, vecinos, personajes secundarios, etcétera. Cuando los achicaban para imprimirlos, me daba cuenta de que todo se empastaba y quedaba demasiado barroco. De modo que fui optando progresivamente por la simplificación: una sola vaca, un pájaro y, naturalmente, el gato riéndose que se transformó en otra firma mía; al mismo tiempo empecé a dibujar el original del mismo tamaño en el que aparecería reproducido. Esto último, si bien exigió de mí una mayor concentración, me permitió encontrar una línea más austera.
Y otra cosa muy importante es que a veces, sin ser una crítica, hay algunos dibujantes que hacen un dibujo muy bueno, pero no se sabe si los personajes están en el campo, en la ciudad o dentro de una casa. Por eso yo siempre que dibujo un personaje le agrego la escenografía: si están en el campo agrego pajaritos, nubes, sol; si están en la casa siempre hago el piso, un cuadro, la pared, una mesa, para que sepan. Porque a veces el lugar donde están las personas está identificado con el chiste.
El humor político
(Sobre Tía Vicenta) Al principio la lógica del absurdo la llevé a la política y la gente no entendía esos chistes. Empecé a reparar en la actitud de los políticos y me fogueé en las revistas durante mucho tiempo (…). Todo mi trabajo se basó en la observación de la política (...). Quise crear un nuevo estilo. Hacía juegos de palabras, por ejemplo: en lugar de “Arturo Frondizi” ponía “Artizi Fronduro”. La gente cada vez se entusiasmó más con ese nuevo humor porque lo fue entendiendo (…).
Yo sabía que una revista no es una suma de notas, chistes y artículos, sino que debe materializar un espíritu. Cada dibujante tenía un estilo propio, pero el espíritu que nos unificaba estaba basado en la espontaneidad, el disparate y la falta de solemnidad, ya se tratase de la política o de los hábitos sociales.
Por mi parte, siempre descreí del humor oficialista. Pienso que el humor es necesariamente crítico y, si es oficialista, fracasa. Podría ampliar aún este enfoque, y decir que todo diario oficialista fracasa.
En el humor político hay que tener mucho cuidado para no herir susceptibilidades, por eso yo nunca hago chistes contra ni a favor, yo hago chistes sobre. Sobre una situación o sobre una persona, reconociendo siempre los costados críticos como una condición indispensable de su eficacia.
El humor político está igualmente limitado por el sentido de la oportunidad. La actualidad modifica los personajes que uno dibuja, y hasta puede decretar su muerte y anticipar el funeral.
Las diferencias entre el humor de invención pura y el humor político son enormes, y no solamente técnicas o formales. El humorista político, especialmente el de un diario, debe estar informado al detalle de todo lo que sucede. De lo contrario, no logrará jamás un verdadero impacto, podrá ilustrar una nota o producir chistes aislados, pero no generar efectos humorísticos cuya sutileza esté en relación directa con la cantidad y calidad de la información que maneja.
Trato de no hacer bromas hirientes, ni tampoco hago chistes cuando un político ha fracasado: espero en todo caso a que quiera volver.
Nunca critiqué a un tipo de clase baja, alta o media. Mis bromas estaban dirigidas a la gente, en general, que quería aparentar algo que no era.
El personaje
El personaje uno lo crea y es dueño de ese personaje. Por ejemplo, yo hago “el señor Porcel” o “Rogelio, el hombre que razonaba demasiado”, o la “familia Cateura”, que eran personajes que tenían mucho éxito en Tía Vicenta, y los hacía a mi manera. A los políticos los hago según las características de ellos…
El humor exige renovarse permanentemente, y saber que como los humanos, los personajes que uno crea tienen una vida limitada. Por eso siempre me he resistido un poco a la historieta, que fija los personajes en una supuesta eternidad mítica. Prefiero el chiste de un solo cuadro, que se alimenta de la realidad y permite renovarse permanentemente, aún cuando el dibujo o el estilo, como en mi caso, permanezcan más o menos invariables.
(Para diseñar la caricatura) Primero, veo mucho las características. Cuando surge un nuevo personaje político estudio, miro varias fotos de él, lo miro por televisión y voy delineando los rasgos hasta que hago una caricatura.
Dibujo a los políticos siempre de la misma manera y en la misma posición para evitar la falta de parecido, toda posibilidad de confusión. El lector debe identificar de inmediato al personaje y el lugar donde se encuentra; si está en el campo, en una confitería o en la Casa Rosada. Si es el campo dibujo siempre la vaca o un árbol con un pájaro, si es la ciudad, un vigilante, las casas o la vereda…
Una vez que defino al personaje, insisto en los mismos rasgos, permitiéndome a veces algunas licencias (por ejemplo, a Cavallo, que tiene ojos grandes y redondos, se los dibujo como huevos fritos, lo cual acentúa más aún en el rostro ese aspecto perplejo y azorado).
Debe darse además un doble juego entre el conocimiento del político y el reconocimiento en la caricatura, pues cuando el lector no identifica de inmediato al personaje, el efecto del chiste se pierde. También hay que tener en cuenta que muchos lectores, aunque parezca mentira, desconocen las caras de algunos políticos más o menos relevantes (Jaroslavsky o Luis Zamora), aún cuando aparezcan asiduamente en la televisión; si yo hago un chiste sobre Luis Zamora para ser leído en un medio donde la gente no sabe quién es, el chiste no existe.
jueves, 15 de diciembre de 2011
En España recuerdan a Copi
Copi, la viñeta en las tablas y los párrafos
Sergi Falcó
Se cumplen 24 años de la muerte del ecléctico autor argentino, que usó su concepción disparatada y visual de la realidad tanto en las historietas como en el teatro o las novelas
La popular 'femme assisse', de Copi.
Ser un autor argentino y destacar suele equivaler a ser el blanco perfecto de las comparaciones y las herencias. Es habitual disponer a los grandes nombres siempre con el filtro inevitable de las influencias de autores previos. Los que le deben más a Borges o a Arlt, por ejemplo. Sin embargo, incluso en el enfermizamente referencial panorama literario argentino se pueden encontrar rara avis.
Uno de ellos fue Raúl Damonte Botana, más conocido como Copi. Esta semana se cumplen 24 años de su muerte, que le alcanzó en Paris sin haber llegado al medio siglo de vida. Eminentemente provocador, capaz de saltar del humor sutil al cafre y de jugar con el absurdo y con lo patético a partes iguales, Copi fue ante todo un storyteller: lo suyo era sacarse relatos cortos de la chistera y combinarlos. De ese modo, ideó de una forma tan natural las viñetas como las obras de teatro, e incluso las novelas.
Lengua francesa, pensamiento argentino
Escribió siempre lejos de su patria. Si bien su exilio, al principio forzado y más tarde voluntario, no constituye un argumento de su rareza -pensemos sin ir más lejos, en Cortázar-, sí que deja una consecuencia que acentúa de cierto modo su obra. Y es que Copi escribió toda su prosa y su teatro y sus viñetas en francés, lengua adoptiva que dominaba a la perfección ya antes de ir a Paris.
Y no por ello olvidó sus raíces. De hecho, en obras como Eva Perón o novelas como El uruguayo, La vida es un tango o La Internacional Argentina -estas últimas tres, editadas por Anagrama en Obras (Tomo I), 2010- o bien el escenario o la historia tratan con una extraña mezcla de sorna indisimulada y de feísmo los cleavages más importantes de la idiosincrasia de su país de origen.
Su uso de la lengua francófona conlleva otro efecto, este ya más culpable de que se le considere un satélite aparte en la cartografía de autores argentinos. Notablemente olvidado en su país hasta los noventa, tardó en editarse en castellano. Sin embargo, su excepcionalidad se debe más a otros ámbitos.
Versátil pero siempre igual
Dos, en concreto, que se combinan. Por una parte, es uno de los autores más versátiles que ha dado la creación argentina, capaz de pasar de las viñetas mordaces -en Francia, su Femme assisse, que publicó durante una década en Le Nouvel Observateur, se convirtió en un personaje fetiche- al teatro -siempre escribiendo, a veces dirigiendo e incluso encima del escenario, junto al grupo Pánico- o la novela sin inmutarse.
Tía Vicenta número 7 (1958)
La otra parte es que lo hace fiel a un estilo de fotógrafo oportunista, es decir, de dibujante de cómic. El desarrollo de sus temas -de disparatados entramados conspiranoides a ratas y personajes extraviados, pasando por sexo y demás vergüenzas transformadas en desvergüenzas- evoluciona siempre como una sucesión de escenas que rozan la inverosimilitud con una naturalidad que engancha. Su don fue el de trasladar la frescura y la omisión de la viñeta a las tablas o a las novelas. Ocurre con sus personajes, que avanzan por sus historias como a quien lo van disfrazando a trompicones, y suelen terminar parodiados o transformados en falsas figuras extremas. También en sus estructuras -La vida es un tango, su única obra escrita originalmente en castellano, cuenta la vida entera de un hombre a partir de tres días señalados y muy separados en el tiempo-, que incluso juguetean con el surrealismo y la literatura del absurdo en alguna ocasión -la más clara, El uruguayo-.
Su actitud espontánea, que también asociaba a su propio personaje farandulesco, es lo que le distancia de otra de las ramas de la literatura argentina, la de los simbolistas y provocadores Macedonio Fernández, Osvaldo Lamborghini o Alejandra Pizarnik. Comparte sus dos rasgos, pero se aleja diametralmente en tanto en cuanto lo suyo no es precisamente la solemnidad. De hecho, en el propio uso del lenguaje -aunque originalmente en francés-, Copi destaca por ser diáfano e incluso por trascender las fronteras de lo informal, dando paso a jergas y coloquialismos sin ningún pudor.
Acaso se parezca en su uso de la anécdota y de la imagen a otra figura de excepción de la literatura argentina, César Aira. El escritor, que es conocido por publicar en intervalos de tiempo de seis meses, siempre novela corta escrita, según cuenta, a razón de una cuartilla por día y sin derecho a corregir el rumbo de la narración hasta que no la termina, fue precisamente quien repuso en el mapa literario argentino a Copi. Lo hizo a partir de la edición de una conferencia magistral sobre el díscolo autor porteño (Copi, Beatriz Viterbo Editora, 1991) en la que mostraba su fascinación por el que, como él, suscitó la admiración de compañeros de profesión y crítica pero no halló el reconocimiento de la masa.
En literatura, está comprobado, nadie se resiste a la comparación, ni siquiera las figuras más genuinas.
http://sonrisasargentinas.blogspot.com/2010/11/copi-la-mujer-sentada.html
miércoles, 3 de agosto de 2011
Mujeres humoristas (IV): Blanca Cotta y Cecilia Palacio
Blanca Cotta (1925), hermana de Juan Angel (gran humorista gráfico) , muchos hijos y nietos, poseedora del título de Profesora de Letras, libretista de TV y periodista; colabora en sus inicios en Cara Sucia y Cascabel (década del '40) y hacia fines de los '50 participa en Tía Vicenta, firmando como Cerebela. Comienza a escribir en Clarin en 1968, y alrededor de la misma época dibuja para Anteojito y El Libro de Oro Patoruzú.También combinó el humor gráfico con sus propias recetas de cocina para Mucho Gusto y en las secciones de la revista de Clarín y el suplemento Ollas y Sartenes, del mismo diario. Ha publicado gran cantidad de libros del tema, ilustrados por ella misma. Además, sus cuadernos coleccionables alcanzaron altísimos tirajes (en la foto, junto a Eduardo Ferro) (1) .
"Los textos míos tratan de ser positivos y constructivos. Soy un ser humano a quien el destino encerró en la cocina, y yo traté de escaparme por una ventanita para enseñar una cocina realizable que me sirva de diálogo con los lectores (...)
La casa donde vivíamos cuando yo era chica queda en la calle Alsina y está exactamente igual, con sus dos balcones. Recuerdo el vestíbulo con su mampara de colores, la pieza de mi hermano Juan Angel, la de Roberto, mi hermano mellizo, el escritorio de papá, el comedor grande para recibir visitas, mi dormitorio y el comedor diario. Después otra mampara de vidrio y un caminito largo que daba a lo que sería el departamento de servicio, con la escalera caracol. A veces, cuando voy caminando hacia el centro de Quilmes lo hago a propósito por la calle Alsina y siento el placer de la nostalgia. Un día voy a pedir permiso para entrar, si no, me da un soponcio (...)
Me acuerdo de cuando mi hermano Juan Angel, que estaba casado con Nené Taboada, vivía en San Isidro. Y pasábamos las Fiestas allí. Yo hacía los bocaditos y el cóctel, y poníamos las mesas afuera, en el jardín. Corrían los brindis. Juan Angel cantaba tangos (yo no, porque cantando soy un sapo). Eran los tangos más reos, desde “Chorra” a “Malevaje”. Me acuerdo también de una noche de tempestad que arrasó con todas las copas que había en las mesas. Eran tiempos felices porque éramos todos. No faltaba nadie. Recordar con nostalgia no es vivir en el pasado. Es la dulzura de volver a ver a aquellos que, de no haberlos tenido, uno no sería lo que es" (2).
Anteojito nro. 407 (1972)

Cecilia Palacio, hija del gran Lino, estudió en la Escuela de Bellas Artes (Profesora de Dibujo y Pintura) y fue una laureada golfista, ganando 10 de 13 torneos sudamericanos.
Como dibujante, comenzó ayudando a su padre pasando a tinta varias tiras, hasta quedarse finalmente con Ramona (su favorita, realizándola hasta 1992) y con Tremebunda y Tarrino:
"Ramona era una mucama de las casa de mis abuelos, mi padre se inspiró en ella para crear un personaje que yo heredé..."
Se dedicó además a dibujar a Chicato y Cicuta, de su hermano Jorge (Faruk) y por último, Lino le encargó pasar a tinta a Don Fulgencio y Avivato.
Con sus hermanos (el mencionado Jorge y el también llamado Lino) fundaron una revista que se llamaba El Aguila Azul, en las que dibujaban los tres y vendían entre la familia.
Entre otras publicaciones, pasó por Tía Vicenta (desde 1957). Y creó un personaje llamado Largucho, que era muy alto y donde la gracia pasaba por los diálogos y situaciones con un amigo gordo y petiso. Hizo varias tiras y estaba por presentarlo, pero un día se encontró con que García Ferré había comenzado a publicar a Larguirucho. Al darse cuenta de que le habían ganado de mano, no continuó.
"En general me gustan las historietas integradas por una familia y basadas en hechos y situaciones de la vida diaria. Creo que allí está el verdadero y más sutil sentido del humor: en encontrar el lado cómico de lo cotidiano". (3)
Un libro recopilatorio de Ramona, dibujado por Cecilia (1977)
Presentación en Tía Vicenta, como bien explica Siulnas (1957) (4)
Bibliografía:
(1) Foto de Fabián Laghi, revista Clarín, decada del '80.
(2) De una entrevista de María Moreno, Página/12, 2002.
3) La Nación Revista, 1978.(4) Siulnas: Historia del Humor Gráfico y Escrito en la Argentina, tomo 2, Eudeba, 1987.
Siulnas: Catálogo del Museo de la Caricatura Severo Vaccaro "Algo más que un siglo de humor", Cid, 2005Sitio web del Museo del Dibujo y la Ilustración.
AAVV: Enciclopedia Visual de la Argentina, Agea, 2002/3.














































