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martes, 3 de noviembre de 2015

Patoruzito y las razones de Dante Quinterno





Durante el mes de junio de 2012 me propuse armar un grupo de entradas relacionadas con los comienzos de Patoruzito. En realidad, más allá de que el famoso caciquito sea una idea original de Dante Quinterno, apunté a recordar a sus autores en el día a día de la cocina de sus aventuras: Mirco Repetto y Tulio Lovato. Sin embargo, no pudo quedar fuera del tema la -a esta altura algo reiterada- incógnita sobre si Patoruzú y Patoruzito son o no la misma persona. Por ese entonces escribí:

Sin embargo, el tema más importante entre los coleccionistas se refiere al consabido hecho de quién es Patoruzito en relación a Patoruzú. Una serie de situaciones contradictorias complica las cosas: El indiecito es originario de la Patagonia pero sus historias suceden en la misma época que las de Patoruzú. A la vez, como dijimos, Cañones es más joven y Pampero un potrillo, pero la Chacha parece tener la misma edad que en sus andanzas con el indio mayor. En tanto, con el último ya no aparecerán Chiquizuel y su nieto.
Diego Accorsi nos dice:“Dante Quinterno no quería contar la infancia del indio, sino traspasar el concepto a un nuevo personaje, más infantil, más inocente (…) para lograr aventuras más frescas y divertidas. Y lo logró.”
Esta idea es la que parece imponerse. Me atrevo a agregar que aún en el caso de que todos los co-protagonistas tuviesen la edad adecuada y la época las características correspondientes a los años en que transcurrió la hipotética infancia de Patoruzú, igualmente se haría difícil creer que se trata del mismo cacique: el carácter y la inteligencia de Patoruzito no se condice con la personalidad del adulto, sobre todo si esta comparación se realiza con el Patoruzú de los años 20 o 30…
En cambio, Isidorito se acerca más a lo que podría haber sido Isidoro en su niñez (...). (1)


Publicidad en el semanario Patoruzú 417, poco tiempo antes 
de la aparición del indiecito (Blog Patoruzista, de Sergio Maganás)



Ahora, repasando las páginas de La Historieta Argentina - Una Historia, Judith Gociol y Diego Rosemberg nos dicen, refiriéndose a las Correrías, pero en definitiva los pequeños personajes:
(...) Una revista enteramente dedicada a las aventuras de Patoruzú e Isidoro en la infancia. Escrita por Mirco Repetto y dibujada por Quinterno (2), esta prehistoria del indio y su padrino no encaja con la versión de los personajes ya adultos

En base a esto citan a Fernando García y Hernán Ostuni, quienes en el catálogo del Museo de Motivos Argentinos José Hernández titulado "La historia de la historieta gauchesca" (1992), señalan:
El primer número de las Correrías narra el encuentro de Patoruzito con Isidorito, porteño enviciado por la ciudad pero de buen corazón. Este hecho descalifica el encuentro de Patoruzú con Isidoro en el circo, dado por original en las páginas de Patoruzú número 1. 

Aquel encuentro de los niños se publica por primera vez en el semanario Patoruzito Nº 1 de 1945...


 
Primera aparición del indio: El encuentro con Don Gil Contento en el diario Crítica del 19 de octubre de 1928 (izq.).
Segunda aparición: Esta vez ante Julián de Montepío -antecesor de Isidoro- (der.). 
Corresponde al diario La Razón del 27 de septiembre de 1930. 


En el primer número de Patoruzú, el indio e Isidoro 
se ven en el circo, aunque ya se conocían con anterioridad...

Patoruzito e Isidorito se conocen en la Patagonia. 
(semanario Patoruzito número 1, 11 de octubre de 1945)


La mirada comienza a modificarse cuando Miguel Dao nos señala que esta aparente contradicción tiene sus motivos. Transcribo algunos fragmentos de su artículo títulado "El nacimiento de Patoruzito", publicado el 27 de julio de 2008 en su blog (3):
(...) Así, reservando para Patoruzú las tiras clásicas de Quinterno (...), surge el semanario Patoruzito, que recoge el resto de la gama historietística. Pero que, además, la amplía brillantemente.
(...) Quinterno tenía clarísimo que las dos publicaciones debían estar íntimamente vinculadas. El público adulto de Patoruzú, sería el mismo que comprase Patoruzito para sus hijos (y de paso, también la leería). Entonces, como el personaje que necesariamente debía dar título a la revista -en función de la conexión de ambas publicaciones- no existía, se lo creó. Su autor intelectual lo describe así en el número 1 de la revista (11/10/1945): "Se trata de las aventuras de Patoruzito, personaje de extraordinaria sugestión y simpatía, creado especialmente para este semanario y semblanza de un período desconocido en la vida del popular indio Patoruzú: ¡su infancia!"


 Páginas 5 y 6 de Patoruzito número 1 
(Escaneos de Sergio Maganás)



Detalle


Tras resaltar los méritos de la dupla Lovato-Repetto y las diversas reformulaciones aplicadas en Patoruzú, Dao continúa: (...) Se evidencia así, en Quinterno, una profunda preocupación por la coherencia de sus criaturas. Pero desde la estructura profunda que las contenía, no desde el apego a un elemental concepto de verosimilitud, inaplicable, por otra parte, a un género de por sí poco verosímil, como la historieta.
Y luego de referirse al que denomina antagonismo complementario entre Patoruzú e Isidoro, expresa: Con estos antecedentes, resulta absolutamente comprensible que Quinterno, a la hora de diseñar la estructura de Patoruzito, no haya optado por un concepto de verosímil que respetase la historia anterior de los personajes. Hacerlo hubiera significado quitarle al nuevo personaje nada menos que su opuesto complementario. Quinterno había comprendido mucho tiempo antes que el indio -adulto o pequeño- debía tenerlo para que funcionara.


Portada de Patoruzito número 1
 (Escaneo de Hernán Schneider)


Continúa Miguel: 

(...) Otro elemento que divide las aguas temporales entre la versión infantil y la original, aunque indirectamente, radica en que Patoruzú se queda en la ciudad, y Patoruzito en la Patagonia (durante un muy largo período), de modo que sus vidas no se superpongan. Se han cuestionado detalles menores, supuestamente inverosímiles, en cuanto al transcurso del tiempo, como las fisonomías invariables de la Chacha y Ñancul. No creo que tengan ninguna relevancia, pero se podría argumentar que la gente de campo, a diferencia de la de la ciudad, envejece de una vez y para siempre. Y también que el lapso que va de Patoruzito a Patoruzú no es tan grande como para merecer que todo el mundo evidencie grandes cambios. Quinterno, en los inicios del indio, lo sitúa cumpliendo la mayoría de edad, mientras que a su versión infantil se la puede situar entre los ocho y diez años. Pero repito: estas objeciones obedecen a un criterio de verosimilitud que no es el que le preocupaba a Quinterno (...).
En cambio, hay cuestiones interesantes que se plantean en relación al aspecto físico y las características de personalidad de Patoruzito, en disimilitud con las de su precedente adulto. Mientras que se puede imaginar sin ripios el tránsito por la adolescencia de Isidoro Cañones, resulta mucho más difícil entender cómo un indiecito bello y sagaz, se convierte en un joven feo y con una ingenuidad rayana en la estupidez. Si por un momento aceptáramos el paradigma que la historieta (cómica, en el caso) debe responder a modelos de “realidad” y guardar “coherencia” en sus formulaciones, se podría argumentar que no se comprueba que el niño tenga necesariamente que anticipar al adulto. Muchos han sufrido la misma transformación que Patoruzito. Y otros, como en mi caso, la inversa. 
Pero sí dejamos de lado lugares comunes de dudosa lógica, y también, por supuesto, el prejuicio de que se diseñó al personaje desde el descuido de los detalles, aparece una pregunta que sí merece ensayo de respuesta... Por qué Quinterno, teniendo ya al hombre diseñado, decidió que el niño cercano no debía prefigurarlo tanto, salvo en lo que hace a nobleza y valentía? Hubiera sido más fácil y menos arriesgado diseñar un Patoruzito que se correspondiese con la imagen ya instalada de su versión adulta. Opino que, nuevamente, la cuestión pasa por una cuestión de verosímil, según el concepto profundo que de éste tenía el autor. Las hazañas físicas de Patoruzú no resultarían creíbles en Patoruzito. Entonces, había que compensarlas, y el remedio fue su sagacidad detectivesca. Pero eso le haría perder la simpatía que trasuntaba la ingenuidad del indio adulto. Se la suplió con el dibujo...


Al momento que subí las entradas sobre Patoruzito, desconocía ese breve texto aparecido en las páginas 5 y 6 del primer número. Ante tamaña evidencia y afirmación, está claro que el pequeño y el gran cacique son una misma persona. Para mí, entonces, resultó insoslayable el agregado -algo tardío-de esta entrada. Después, Dao reflexiona sobre tal decisión y justifica esas (reales o estudiadas) "incoherencias", según los criterios del creador de la historieta, y señalando que -en definitiva- se trata de un género que de por sí es poco verosímil, o que al menos no tiene la obligación de serlo. 
En base a ellas, podríamos concluir que la imaginación y la visión comercial de Dante Quinterno tuvieron razones -y lógicas- que la razón no entiende, pero que a él y a su empresa le dieron magníficos resultados. Mientras tanto, a lo largo de tantas décadas, los lectores se hicieron menos preguntas y simplemente disfrutaron de las aventuras del inteligente caciquito.




Bibliografía:

-Gociol, Judith y Rosemberg, Diego: La Historieta Argentina - Una Historia. Ediciones de la Flor - Buenos Aires, 2000.
-Ostuni, Hernán, García Fernando, Ferreiro, Andrés, Formosa, Mario, Rodriguez Van Rousselt: Patoruzú - Vera historia no oficial del grande y famoso cacique tehuelche. Ediciones La Bañadera del Comic. Buenos Aires, 2001.

(1) Las 3 entradas, aquí:

http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2012/06/patoruzito-primera-historia.html
http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2012/06/patoruzito-primera-historia-ii-mirco.html
http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2012/06/patoruzito-primera-historia-la.html

(2): En realidad, los episodios de Correrías fueron dibujados por Tulio Lovato (reediciones), más los aportes de Ferro y -cuando se trata de aventuras inéditas- por otros ilustradores de difícil identificación (Fuente: Miguel Dao).

(3) Ver el artículo completo de Miguel Dao

http://historietas---cine---teatro-por-dao.blogspot.com.ar/2008/07/el-nacimiento-de-patoruzito.html









jueves, 16 de octubre de 2014

Historieta humorística y Fútbol: Un romance que lleva muchas décadas...




Dos grandes de nuestro humor gráfico -Adolfo Mazzone y Eduardo Ferro-
 flanquean a un no menos grande e histórico futbolista: José Manuel Moreno.



Gracias a Juan Fagin, uno de los más importantes coleccionistas de cómics de la Argentina, pude conseguir una hojita (o "clipping", como suele denominarse hoy) de la revista Mundo Argentino de mediados de la década del 40 (posiblemente 1944) donde podemos observar la presencia de varios de los más destacados dibujantes de humor de la época junto a sus pares en calidad del fútbol nacional, en una nota titulada "Los cracks leen historietas".

En realidad, ya se presentaban caricaturas de futbolistas en los más antiguos ejemplares de Caras y Caretas y de allí a que el tema se convirtiese en historieta o en un dibujo unitario con globos hubo un solo paso.
Estas dos expresiones de la cultura popular marchaban de la mano del gran auge de las revistas y su amplio material gráfico. Ambas se unían a otro gran medio de aquellos años: la radio. Y, por supuesto, el cine tenía una enorme repercusión.

Antes de continuar, consignemos que debido al tamaño de la hoja y a la compleja disposición de las imágenes (en caso de intentar escanearla en dos partes para luego unirlas) decidí "recortar" cada una y presentarlas de manera individual. Además, por la pobre calidad del papel y de la impresión, sumadas a zonas con manchas muy amarillentas, preferí hacer una serie de pequeñas restauraciones para finalizar pasando a blanco y negro todo el conjunto.

Aquí podemos disfrutar de la presencia de extraordinarios dibujantes como Adolfo Mazzone, Lino Palacio, Oscar Blotta, Guillermo Divito, Fernando Cao y Tulio Lovato (quien reemplazaba a Dante Quinterno en el dibujo de Patoruzú) junto a algunas de sus creaciones. Pero, para quien no está en el mundo del fútbol o para quien no le interesa saber de otras épocas de este deporte...¿Quiénes fueron los futbolistas que acompañan a nuestros queridos artistas? Leamos y comprobaremos que su grandeza estaba a la altura de la de estos últimos:

Juan Estrada: (1912-1985) Excelente arquero de Huracán y Boca Juniors (campeón en 1940 y 1943), integró además la selección nacional, equipo con el que logró los Sudamericanos de 1937 y 1941.
José Salomón: (1916-1990) Defensor de Racing Club y de la Selección Argentina -de la que además fue capitán-, fue posiblemente el mejor en su puesto de la época. Ganó dos Sudamericanos (actual Copa América) y tiene el récord (21) de partidos en esta competencia, compartido con Oscar Ruggeri.
Vicente De La Mata: (1918-1980) Ganador de los Sudamericanos de 1937 (le hizo dos goles a Brasil), 1945 y 1946; y bicampéon con Independiente (1938/39), fue uno de los mayores ídolos "rojos" previos a la aparición de Ricardo Bochini. Extraordinariamente hábil, se recuerda un gol suyo a River, de características similares al famoso segundo gol de Maradona a los ingleses.
Rinaldo Martino: (1921-2000) Es uno de los futbolistas que integra el Salón de la Fama de la Asociación del Fútbol Argentino. Fue uno de los mejores tanto a nivel local como internacional en los 40. De gran habilidad, integró el plantel campeón de San Lorenzo en 1946. Con este equipo realizó una gira por Europa causando asombro en los espectadores del viejo continente: Entre otros resultados golearon a la selección española (6-1) y a la de Portugal (9-4). También se desempeñó un año en Italia, coronándose campeón en la Juventus, además de participar en la "Azzurra". Ya retirado, abrió un local de tango denominado "Caño 14".
José Manuel Moreno: (1916-1978) Profesional desde mediados de los años 30 hasta comienzos de los 50, "El Charro" está considerado uno de los mejores cinco futbolistas sudamericanos del siglo XX y fue quizás el mejor del mundo en la primera mitad de ese mismo siglo. Dos veces campeón sudamericano con la selección argentina , integrante esencial de la famosa  "Máquina" de River y campeón en cuatro países diferentes, son  estos datos que conforman solo una parte de su "palmarés". Se destacaba por su imponente físico, su técnica y creatividad, su gran cabezazo y por su valentía. Se lo recuerda también como un asiduo visitante de las noches porteñas de aquel entonces. En la primera edición de los Premios Kónex (1980) fue elegido -post mortem- como el mejor futbolista argentino de la historia, superando entre otros a Alfredo Di Stéfano y Diego Maradona.

Los hinchas de la década del 40 no podían siquiera imaginar ver los partidos con las figuras del fútbol europeo en directo y en un televisor Lcd full HD; menos aún las posibilidades de Internet o de todo el mundo tecnológico actual. Pero tenían un privilegio del que los fanáticos de hoy carecemos y Dios sabrá por cúanto tiempo más, si es que alguna vez esto se modifica: Cada domingo podían ver a los mejores futbolistas argentinos jugando acá, a la vuelta de la esquina, porque todos los que conformaban la selección -y casi todos los que eran "buenos"- se mantenían en sus clubes por largos años (facilitando su acceso a la condición de ídolos). La Segunda Guerra Mundial, un país distinto, un fútbol distinto, una pasión distinta (y mejor) sustentaban estas condiciones. Claro, ninguno de ellos llegó a convertirse en millonario, al menos de la manera que consideramos a un millonario del deporte en la actualidad.
Para recuperar aquel privilegio mencionado (como tantos otros más trascendentes) necesitamos cambios estructurales, políticos, éticos, económicos, culturales, sociales tan profundos, que pasarán varias generaciones para aspirar a lograrlo...

Por último, quizás en estos días cauce sorpresa el interés de los antiguos jugadores por el cómic. A la vez, no cabe duda que hoy como ayer varios historietistas se sintieron y se sienten atraídos por el fútbol y lo plasman en sus creaciones. Pero...¿Cúantos futbolistas leen historietas en pleno siglo XXI?





















Ver también la serie relacionada con el tema en este mismo blog:
Fútbol e Historieta Humorística - Partes I a V




lunes, 11 de noviembre de 2013

Un verdadero tesoro en Mundo Quinterno: Las portadas del semanario Patoruzito


Nº 1 (11 de octubre de 1945)


El excelente e imprescindible blog Mundo Quinterno ha comenzado a subir las tapas del semanario Patoruzito desde su primer número (1945). 
Esta revista, una de las mejores de todas cuantas se han publicado en el siglo XX dedicadas a la historieta, ha sido siempre muy elogiada por sus grandes creaciones, tanto humorísticas como serias: Rinkel el ballenero (Tulio Lovato), Vito Nervio (de Repetto-Corinas primero y a cargo de Wadel-Breccia más tarde), ¡Ira Implacable! (Raúl Roux), Ella (José Luis Salinas), El Gnomo Pimentón (Blotta), Langostino (Ferro), Tucho, de canillita a campeón (Freixas), Mangucho y Meneca (Battaglia), además de las extranjeras Flash Gordon, Rip Kirby, El Jóven Capitán Marvel y muchas más. 


 
Nº 19 (14 de febrero de 1946) y Nº 23 (14 de marzo de 1946) 


Pero no menos elogiables son sus tapas con la presencia en casi todas ellas del dúo Patoruzito-Isidorito en infinidad de situaciones cómicas. Cuando vemos quienes eran sus autores todo se comprende mejor: "Plantaba a lápiz Tulio Lovato, pasaba a tinta Romeu y pintaba Guillermo Roux" (1), un maestro del arte que en 1945 tenía ¡16 años! Pero  Dante Quinterno lo veía tan capaz que poco a poco le confió todo lo que tuviese que ver con el color en la publicación...
Muy recomendable entonces darse una vuelta por Mundo Quinterno. Es más que evidente que los chicos de aquellos años eran verdaderos privilegiados: Podían recibir en sus hogares estas maravillas que hemos comentado someramente y además las inolvidables ilustraciones de Lino Palacio para las portadas de Billiken. ¡Un lujo absoluto!



Imágenes seleccionadas pertenecientes al blog Mundo Quinterno:




(1): "Patoruzú - Una bisagra cultural" (MUDI - 2009).


domingo, 3 de marzo de 2013

Isidoro, porteño ganador...y perdedor


Cuando Patoruzú se hizo dueño y señor de la historieta humorística nacional, parecía todo dado - como ha ocurrido con otros personajes -  para que Isidoro pasase de estrella a un simple segundón o, peor aún, se fuese consumiendo hasta caer en el olvido.

Sin embargo, y aunque nunca alcanzó la popularidad del gran cacique, todo lo antedicho estuvo lejos de concretarse: desde comienzos de los 40, Isidoro recuperaba su propia tira (teniendo en cuenta a los "pre-Isidoros") en el mismísimo semanario del indio, libre de este y con su propia corte de personajes secundarios (a excepción del Coronel Cañones, quien acompañó a ambos con distinta frecuencia).

Aquel Isidoro todavía estaba lejos del porteño triunfador que conocimos a través de "Locuras de...", su propia revista. Por lo general, entre los años 40 y 60 sus avivadas solían terminar mal para él: lo que deseaba aparentar o el rédito de cualquier tipo que pretendía obtener mediante engaños se descubría y todo finalizaba con los castigos de su tío , el desprecio de las chicas, una buena paliza del matón de turno o muchas otras resoluciones similares. El gag donde el protagonista intenta sacar ventaja y después todo se le complica o le sale al revés era  común desde mucho tiempo antes y lo siguió siendo durante esa época: Calixto Campolargo, Maneco, Tóxico (junto a Biberón) y Tito Faldas son algunos ejemplos.

Sin embargo, lentamente, las ocasiones en que lograba terminar la historia con una sonrisa o saliéndose con la suya fueron en aumento. Hasta que a fines de los 60 (coincidentemente con  la aparición de la mencionada Locuras) ya era lo habitual verlo no solo como una figura ganadora, si no también como un referente para todos aquellos que lo acompañaban y que disfrutaban de sus audacias, entendidas así en aquellos años (aunque para la mirada actual se vean muy inocentes). Por supuesto, ciertos traspiés de tanto en tanto también seguía sufriendo.

En este grupo de imágenes - todas pertenecientes a la Patoruzú semanal - vamos a recorrer 35 años en los que se pueden apreciar los cambios en la moda y las costumbres o en la forma de expresarse, las virtudes que Isidoro consideraba importantes para conquistar a una chica, el mundo al que él aspiraba pertenecer y otras variables que están fuera de la mentalidad de hoy. Pero aquí estamos en el terreno de la fantasía y las situaciones que en otro tipo de análisis definiríamos como arcaicas, nosotros las podemos tomar como un elemento más para sonreírnos. Además, una curiosidad: Isidoro futbolista, a su manera, claro...
Las historias están alejadas de aspectos políticos, a pesar de que se trata de un período con mucha tela para cortar, y donde ya en su etapa final se estaba a las puertas de años muy duros. Tales circunstancias no se consideraban en la editorial Quinterno, y reflexionar sobre ello es tema para otra entrada muy diferente. En este caso nos encontramos ante el humor por el humor mismo, que tampoco es sencillo...

Por ahora, además de lo comentado, podemos apreciar cómo fue modificándose el aspecto físico del personaje o - dicho de otra manera - cómo cada dibujante (Quinterno, Lovato y el resto) le imprimió su sello particular.


 Patoruzú número 149 (1940)


 215 (1941)

 273 (1942)

345 (1944)


 392 (1945)


 634 (1949)

 800 (1953)

1098 (1958)


 1248 (1961)


 1610 (1968)


 1982 (1976)


1988 (1976)

miércoles, 13 de junio de 2012

Patoruzito, primera historia (II): Mirco Repetto y Tulio Lovato





"Mi viejo hizo cuatro viajes, como Colón; en el último nos trajo a mi madre, a mi hermana y a mí. Nos trasplantó de la Liguria, de los montes Dracos, donde mi abuelo tenía una hostería, de la playa de Cestri Levate, de Santa Margherita, de Rapallo, de toda esa zona de mis correría infantiles, al Mercado de Abasto”.
Así le relataba Mirco Repetto (1915-1999) a Juan Sasturain su llegada a Buenos Aires a los 10 años, en tiempos de Marcelo T. de Alvear (1).

Dentro del mundo editorial, su primer trabajo como redactor fue en Bolita (donde estaban Lino Palacio y Raúl Roux, entre otros), apenas pasados los 15 años (1931/32).
Luego colaboró en Pololo, Mustafá y Barrilete. En estas dos últimas fue redactor, diagramador y director con apenas 20 años. Y realizó los primeros argumentos que dibujó Enrique Rapela. Trabajó en radio como libretista, pasó a dirigir Pilucho (revista infantil) y más tarde - en Fenómeno - hizo una historieta humorística de piratas, además de retocar obras extranjeras.
En 1939 realiza Don Alfonso en el diario socialista La Vanguardia. Allí apareció La vaca Aurora (un calificativo que se usaba en la época para tías y maestras gordas) y - en la edición dominical - Tadeo, el violinista.
En 1940, la vaca se muda a Carasucia, donde Mirco también hace Don Cleptómano.
Aurora más tarde aparece en Mundo Infantil, donde permanecerá alrededor de diez años.
En Patoruzú colaboró durante 1941 en la realización de la película Upa en Apuros y se quedó veinte años, trabajando como diagramador, redactor y guionista, además de ser director tanto de Patoruzú como de Patoruzito. En la primera hizo varios años el chiste mudo de la página tres, (firmando como Mirco), varias secciones personales y otras heredadas, los chistes a doble página de Gubellini, alguna idea de tapa, algún guión de Don Fierro y escribió cuentos con el seudónimo Tadeo de las Llanuras.
En la segunda fue, claro, el autor de los guiones del indiecito, calificados por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno como:
“…inteligentes, que proponían permanente acción, nuevos personajes y escenarios cambiantes” (2).
En la misma revista fue el creador de Vito Nervio, guionando otros personajes e historietas didácticas con temas argentinos.
Más tarde, cuando Quinterno ideó a Patora, fue Repetto quién le dio su particular carácter.
En 1961 se estableció en Paso del Rey, y siguió como colaborador por quince años más.
Disconforme con los nuevos directivos de la editorial (impuestos por los hijos de Quinterno), se fue a trabajar con García Ferré, para quién remozó personajes como Neurus, Larguirucho, Cachavacha e ideó los argumentos de Hijitus y Anteojito.
En la década del ’70, en tanto, La Vaca Aurora tuvo revista propia, de la que se publicaron una decena de números.

Antes de continuar con la siguiente biografía, hagamos un alto y volvamos a la aventura iniciada en la entrada anterior: Chiquizuel y sus artimañas obligan a Patoruzito a enfrentarse con la tribu de "Los Comecrudos" , sin embargo un extraño (y prehistórico) "enemigo" ayudará a poner las cosas en su lugar...








Marcelo Antonio Tulio Lovato nació en Buenos Aires en 1915. Fue un destacado estudiante de ingeniería pero, apasionado por el dibujo y la pintura, finalmente se dedicó de lleno a estas actividades.
A comienzos de la década del ’40, Dante Quinterno tenía entre sus proyectos la realización de dibujos animados. Para ello, contrató a dibujantes de gran capacidad, entre los que se encontraba el propio Lovato. Allí Tulio se convierte en director y supervisor de la tarea de los dibujantes animadores dedicados a la concreción de la película Upa en Apuros.
Además, Quinterno le confía tanto las tiras de Patoruzú en el diario “El Mundo” como las páginas del indio en la revista semanal. Como lo explica Miguel Dao en su blog…
“Es así como, ya desde fines de 1940, Quinterno introduce a Lovato como colaborador en las andanzas del indio, dejándolas exclusivamente a su cargo a mediados del ’41. En tanto que Lovato las dibuja hasta principios del ’44, con una última intervención en mayo de ese año”. (3)
Cuando Dante decidió crear el semanario Patoruzito, Lovato pasó de Patoruzú a esta nueva revista. La experiencia adquirida en la editorial más su notable sensibilidad le permitieron desarrollar en su totalidad las aventuras del pequeño cacique. Comentan Trillo y Saccomanno:
“Lovato fue generando un mundo transparente, idílico, en el que Patoruzito, el Bueno, resolvía los problemas más difíciles con una sonrisa que lo acompañaba en más de un cincuenta por ciento de los cuadritos”. (4)
Si bien con esta tarea y la de reemplazar a Quinterno en los dibujos de Patoruzú ya se estaba ganando un lugar de privilegio entre los grandes dibujantes humorísticos, no fue suficiente para él debido a que también brilló en la historieta seria, como el autor integral de Rinkel, el Ballenero, una aventura de barcos en los mares del sur. Volvamos a las palabras de Trillo y Saccomanno:
“Curioso caso de ‘doble personalidad’ el de Tulio Lovato, que dibujaba Patoruzito, hacía el lápiz del indio y creaba una maravillosa historia propia, dramática, seria, con innegable fuerza y resuelta con impecable vigor”. (5)
Los logros de Tulio no terminan aquí: participó con sus dibujos en campañas publicitarias, fue ilustrador en diversas publicaciones y un especialista - dentro de la pintura – en la creación de ‘marinas’.
Más tarde, a comienzos de los ’70, gracias a sus conocimientos de animación, organizó un estudio de dibujo animado publicitario.
Tras su fallecimiento en 1979, el creador de Patoruzú expresó que este desenlace...
“significó la amputación del brazo y la pierna derechos de nuestra empresa”. (6)
No podría existir una afirmación más acertada: se trató de un gran dibujante que fue admirado y reconocido por todos sus colegas.



(1) Juan Sasturain: reportaje a Mirco Repetto publicado en el libro “Buscados Vivos” (Astralib, 2004)

(2), 4) y 5) Carlos Trillo – Guillermo Saccomanno: "Historia de la Historieta Argentina" (Ediciones Record, 1980): Capítulo 10: "¡Salió Patoruzito!"

(3) Dao, Miguel: fragmento correspondiente al artículo “A Quinterno lo que es de Quinterno, a Lovato lo que es de Lovato”, publicado en el blog del autor (“Historietas-Cine-Teatro, por Dao”) el 29 de abril de 2012.

6) Vásquez Lucio, Oscar: "Historia del Humor Gráfico y Escrito en la Argentina", Tomo II, EUDEBA, 1987.