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lunes, 17 de diciembre de 2012

Los Maestros enseñan (VI): Planos

Cuando el dibujante presenta sus figuras o escenas desde diferentes distancias, los cuadros son llamados planos. De esta manera, según las distancias y proporciones los planos son denominados de la siguiente manera:

Plano en gran detalle (o detalle): Parte del rostro de una figura, o detalle de un objeto.
Primer plano: se refiere a una cabeza hasta los hombros.
Plano mediano (o medio): la figura humana dibujada hasta la cintura o hasta los codos, teniendo los brazos caídos.
Plano americano: una figura o un grupo tomados hasta las rodillas.
Plano alejado: una figura o un grupo de ellas de cuerpo entero, pero sin mucho espacio libre sobre la cabeza o bajo los pies.
Plano general: Conjunto de figuras más la escenografía correspondiente.
Plano general lejano: Escena de personas u objetos o casas, dibujados con una gran cantidad de elementos que los rodean (árboles, nubes, rios, etc).
Plano en perspectiva: Compuesto por un detalle o plano mediano en el primer término del cuadro, y de un plano general en el segundo.

A los planos pueden agregarse los puntos de vista que, en combinación, enriquecen la escena:

Picado: punto de vista de arriba hacia abajo.
Contrapicado: punto de vista de abajo hacia arriba.

En estos cuadros extraídos de Rata-Man ("Rata-Man contra Grupin", 11 páginas) el dibujante Félix Saborido emplea buena parte del listado que brindamos, otorgándole a la historia un gran dinamismo (lo que lógicamente acrecienta el interés por su lectura).


 
Detalle                                       Primer plano

Plano mediano

Plano americano

Plano alejado

Plano general (+ picado)

Punto de vista picado

Punto de vista contrapicado



La historieta Rata-Man (realizada por Felix Saborido) pertenece al número 202 de Capicúa (septiembre de 1967).

sábado, 10 de marzo de 2012

Claves del humor: Landrú (II)


Segunda y última parte de las reflexiones de Landrú sobre el humor:

El Estilo


El primer chiste que hice era bien disparatado, era un hombre que le declaraba el amor a una mujer: “Matilde, ¡te amo!”. Ella dice: ”¡Yo también!”. Él le responde: ”¡Caramba!, entonces las cosas comienzan a complicarse…” Claro, tienen que ponerse de novios, casarse, tener hijos… ¡El lío que era! En esa época la gente no entendía esos chistes. Es muy difícil explicar eso. Ese humor nació en la revista italiana Bertoldo, en la época en que Mussolini era el dictador, el fascista, y que tenía prohibido el humor político en Italia. Ellos hacían un humor surrealista con cachadas al régimen fascista, pero tan sutilmente y tan disparatado que no los podían censurar. Después pasó ese humor a España, a la revista La Codorniz. En plena época de Franco ponían, por ejemplo: “Metereológicas: Reina en toda España un fresco general proveniente de Galicia”, y creo que la clausuraron un día. Después la clausuraron nuevamente y pusieron un pensamiento matemático: “Los almohadines son a los almohadones como los cojines son a x: nos importan dos x que nos suspendan”, y siguieron adelante. Es muy difícil definir qué es la lógica del absurdo, pero es eso. La vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza.
Pero ese humor que utilizaba las paradojas y el absurdo recortándolos sobre el transfondo de lo cotidiano, era celebrado por un grupo muy reducido de lectores.

Cuando yo empecé a dibujar en el año ’45 hacía hombres muy solemnes y en general muy antiguos. Gente con ideas antiguas como el señor Cateura o la misma Tía Vicenta. Entonces tenía que buscarle una vestimenta antigua y me daba la impresión que con ellos causaba más gracia que con personajes de apariencia más moderna. Siempre me resultó más gracioso un señor con una levita que con un traje de líneas rectas. Es el estilo que a mí me gusta y, además, es un estilo muy rápido que me sirve para hacer mis dibujos. De otra manera no podría dibujar doce o trece bocetos diarios para llevar a las redacciones. Mi estilo me permite hacer un chiste de actualidad en cuatro líneas.

Técnicas personales

Una de mis pasiones es el trabajo con los arcaísmos del idioma (…), he rescatado palabras en desuso para incorporarlas a un circuito humorístico y darles nuevamente vida con significados ligeramente distintos.

(Al realizar sus “campeonatos” y “rankings”) fui acusado desde la izquierda de ser un dibujante elitista. Siempre me defendí diciendo que me limitaba a poner en evidencia aquello que los distintos grupos sociales piensan y dicen los unos de los otros, más o menos en secreto (…). Se trataba de jugar con las clasificaciones que funcionan en la sociedad, poniéndolas al mismo tiempo en evidencia de una manera irónica.



El humor no político se nutre también de lo real, al igual que todo proceso creativo o imaginario. Uno de mis procedimientos ha sido el de incorporar a la ficción de los personajes rasgos y hasta nombres de personas reales, muchos de ellos mis amigos. “Jacinto W., el reblan” se inspiró en ese amigo escribano que usaba las medias stretch con ligas Chantecler, “Fofolfi, un niño abominable” en Adolfo Gómez Cainzo; y “Tía Vicenta” fue una sustitución de mi tía Cora... Entre los reblan también hacía aparecer siempre al escribano Lozada Allende, al que le decían Chonchón, y era el novio de Alejandra en “María Belén y Alejandra”. O mi amigo Tapia en los “Breves Cursos de Historia General” apareciendo como Adán, Edipo o Bonaparte…

Ese efecto de realidad en la ficción humorística me atrajo siempre, porque la duda que genera en los lectores (la gente no sabía si existían o no) duplica el interés.
Asi, por ejemplo, lo que sucedió con las secretarias de Tía Vicenta Elena Kufa Y Esther Linares. Elena Kufa era checoslovaca y como su apellido me sonaba gracioso y parecía inventado, la incluía siempre en los chistes y la gente no sabía si existía o no, si era secretaria o periodista o colaboradora, o bien una persona inexistente que sólo vivía como personaje en las páginas de la revista. Llegaron tantas cartas, que finalmente decidí publicar su foto con la leyenda: Esta es Elena Kufa, nuestra secretaria checoslovaca, y como era rubia y vistosa, empezaron a llover cartas de amor. En cuanto a Esther Linares, que era muy petisa, la hacíamos aparecer como ‘nuestra secretaria’ enana. Con el sastre Kochane sucedió algo parecido; nos vendía trajes a crédito a los periodistas de Avivato, y una vez incluí su nombre en un cuento. Entonces él me llamó para que le diagramara un aviso; allí me tomo las medidas, me preguntó qué género me gustaba y me hizo un traje. Cuando quise pagar la primera cuota, no me cobró un centavo, y como me dio un poco de vergüenza, empecé a citarlo con mayor frecuencia. Cuando salió Tía Vicenta, aparecía en boca de los personajes de ‘María Belén y Alejandra’, y en los campeonatos dábamos como premio trajes de Kochane. De golpe se hizo famoso, pero muchos seguían creyendo que era un invento, y se iban hasta la calle Corrientes en Chacarita para ver si la sastrería existía o no (…).

Otra cuestión es que el humor que involuntariamente destilan a veces las palabras tiene que ver con el variadísimo mapa del español, donde un puertorriqueño puede decir por tv: Si, la veldá es que Galdel tenía un ploblema pala plonuncial la l, o bien la casa de junto por la casa de al lado, o voy a mandar mis pantys a la washería, o decirle al médico fisiciano, sin que eso resulte gracioso para ellos. Lo mismo sucede con los matices y diferencias entre argentinos y españoles, o argentinos y colombianos o chilenos… Este humor de las diferencias involuntarias suele aparecer también en la sintaxis. Asi, el español-puertorriqueño utiliza con mucha frecuencia las estructuras del inglés americano. Recuerdo que el titular de un diario hispano en Estados Unidos, informaba del rescate de una niña que se había caído por una alcantarilla y estuvo toda la noche al borde de la muerte, diciendo: Oraciones Salvaron Niña Cloaca Morir.

Utilizo con frecuencia en mis chistes el juego con las palabras y la invención de neologismos. Con mi amigo el escribano Adolfo Gómez Cainzo, armamos hace tiempo una especie de diccionario de neologismos a la manera de las palabras-valija de Lewis Carrol. Gómez Cainzo tenía también la costumbre de acumular informaciones inútiles. Por ejemplo sabía la fecha en que se promulgó la ordenanza Prohibido escupir en el suelo; o descubría respecto de las velocidades de un tocadiscos (33-45-78), que sumando 33 + 45 obtenemos 78, lo cual en realidad no tiene nada que ver con nada… Juntando estos disparates con las excentricidades de lenguaje (decir que el mes de junio la mayonesa era junionesa o que una empanada grande era una empamucha) armé, inspirándome en él, “Fofolfi, un niño abominable”, que apareció en Tío Landrú. Fofolfi hablaba en jeroglíficos, y para entenderlo, el padre había tenido que contratar a un traductor; blanquejo era para Fofolfi un azulejo blanco, y una sorpresa era una religiosa detenida.

Otro de los procedimientos del lenguaje tiene que ver con el desplazamiento y el doble sentido de una palabra. Si leo que es obligatorio para los automovilistas usar cinturones de seguridad, aparece de inmediato la palabra ajuste, como se están haciendo permanentemente ajustes económicos, el chiste se me ocurre por simple contigüidad, asociando cosas que no están necesariamente relacionadas… O bien el chiste se me aparece por un lapsus de lectura, equivocándome en una letra y leyendo autopsia en lugar de autopista.

La mentalidad del humorista se va adaptando a su objeto; suele suceder que la lectura esté precisamente orientada para que el error (el chiste) sea cometido: leer donde dice Ladran, Sancho, Ladran, Chancho; o juntar por un aparente error la palabra palabra (de la fórmula Pido la palabra) con la palabra trucha en palatrucha.

De igual manera, el chiste se constituye en el nivel gráfico por la vía de la sustitución de objetos. Recuerdo que en una época de escasez en la que se penaba con prisión a los acaparadores de huevos, hice la clásica escena del presidiario pero en lugar de la bola de hierro del grillete dibujé un huevo.

Si el humorista se apropia de lo real para construir sus ficciones, también es factible que suceda lo contrario y la realidad lo supere. Así, cuando suceden cosas payasescas en el plano de la política y el gobierno, un chiste puede no ser considerado como tal: ¡Esto no es un chiste! Si lo dijo hace poco tal ministro, o tal o cual secretario, o un amigo del Presidente… En esos casos, el chiste es desbordado por la escena que pretende parodiar; y la primera plana de un diario puede parecerse a los anuncios de un show. Entre estas paradojas y con estas técnicas, he ido construyendo - a lo largo de cincuenta años – mi paciencia y mi humor.




Textos e ilustraciones tomados de:

Landrú: La razón de mi tía (Biblioteca Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamerica, 1988)
Landrú: El humor de Landrú (Editorial de Suplementos Periodísticos, 1977)
Russo, Edgardo: Landrú por Landrú! (El Ateneo, 1993)
Russo, Edgardo: La historia de Tía Vicenta (Espasa, 1993)
Ilustradores y Humoristas de Clarín (Agea, 2008)
Tía Vicenta número 4 (1957)
Revista La Nación: Especial Humor (1999)
Da Costa, Ana: Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú (Sala Virtual de Lectura, 1999)

Fotos:

(Parte 1): Fernando Gutiérrez, de un reportaje en La Nación revista; sin datos de la fecha
(Parte 2): Facundo de Zuviría, reportaje para La Nación revista, 1996.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Claves del humor: Landrú (I)

Landrú posando junto al gato sonriente,
quien fue en muchas ocasiones espectador de lujo de sus chistes

Generalmente, al interesarnos en el humor gráfico, pensamos en o somos seguidores de un determinado autor, historieta o personaje. Sin embargo, existe un aspecto que, salvo excepciones, no suele ser encarado con asiduidad y es el referido a cómo se logra llegar a la situación humorística. Dicho de otra manera: ¿Cúales son los mecanismos que provocan la risa?; ¿Qué aspectos tienen en cuenta los profesionales?, ¿Qué creen ellos que es el humor?, ¿Cómo lo transmiten a través de un estilo personal?, ¿Cómo llegan a encontrar ese estilo?... y muchos etcéteras más.
Tal es la propuesta de la actual entrada, divida por su extensión en dos partes, y que se nutre en el presente caso de la palabra de uno de los grandes de nuestro humor gráfico: Juan Carlos Colombres (Landrú); esperando en el futuro poder incluir otros autores.
Este dibujante, nacido en Buenos Aires un 19 de enero de 1923 y ya retirado del oficio, ha tenido una singular capacidad para observar y retratar las diferentes clases de la sociedad porteña. Su apodo surgió del comentario que alguna vez le hicieran sobre su parecido con Henri Désiré Landrú, un asesino serial de mujeres francés y, curiosamente, muerto (en la guillotina) en la misma fecha de nacimiento de Colombres. De allí que el dibujante especulara con la posibilidad de ser su reencarnación…
Fue el creador a fines de los ’50 de unas de las revistas más célebres del humor político nacional: Tía Vicenta, además de participar en infinidad de publicaciones a lo largo de más de 50 años.
Pero por ahora no vamos a adentrarnos mayormente en la trayectoria de este hombre inteligentísimo.
La idea es, mediante fragmentos tomados de algunos libros dedicados a él, responder a las preguntas del comienzo gracias a sus propias reflexiones.
Por supuesto, las mismas tienen su costado subjetivo y se podrá acordar en todo o en parte con ellas, pero lo verdaderamente importante es que se trata de una enseñanza muy valiosa, a tono con la capacidad de su autor.

El humor

El humor es un rasgo de inteligencia porque generalmente la gente opa no se ríe, no entiende los chistes. La inteligencia es la memoria. La memoria es una característica de la inteligencia, por eso al cerebro lo considero un músculo. En la gente que no cultiva el músculo, el músculo se atrofia (…). Yo todos los días al pensar chistes hago trabajar la mente…

La risa

Al cumplir tres meses mi hija, descubrí una teoría: yo le mostraba el dedo y ella me lo agarraba. Lo mismo sucedía la segunda vez y la tercera. A la cuarta vez que intentaba tomar el dedo se lo sacaba, y se reía. En ese preciso instante comprobé que la risa es sorpresa, algo que aparece cuando no se lo espera (…). Siguiendo la lógica del absurdo, no es difícil descubrir que la vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza. Así, por ejemplo, es un disparate que una mujer diga: “Estoy esperando que nazca mi hijo para saber cómo se llama”. Para un humorista sólo se trata de escuchar esos discursos y de saber recrearlos.


El chiste

(…) Yo trato de pensar cúal es el chiste que quiere leer el público. Leo las principales noticias del diario, oigo la radio y digo: éste es el chiste. Lo elijo, lo llevo al diario, llevo varias opciones y me elijen una o dos, a veces no publican ninguno por falta de espacio, pero siempre van quedando.
Por lo general uno siempre tiene un límite de elección o buen gusto. Para hacer humorismo hay que tener en cuenta, también, de qué se ríe hoy la gente, porque un chiste que hace tres o cuatro años hacía desternillar de risa hoy no provoca ni una mueca.

Los dibujos

Refiriéndome al trazo de mis dibujos, que últimamente han sido definidos como “minimalistas”, debo decir que en los comienzos durante la época de la revista Don Fulgencio, hacía los dibujos a gran escala y con muchos detalles: vacas, pájaros, perros, gatos, vecinos, personajes secundarios, etcétera. Cuando los achicaban para imprimirlos, me daba cuenta de que todo se empastaba y quedaba demasiado barroco. De modo que fui optando progresivamente por la simplificación: una sola vaca, un pájaro y, naturalmente, el gato riéndose que se transformó en otra firma mía; al mismo tiempo empecé a dibujar el original del mismo tamaño en el que aparecería reproducido. Esto último, si bien exigió de mí una mayor concentración, me permitió encontrar una línea más austera.

Y otra cosa muy importante es que a veces, sin ser una crítica, hay algunos dibujantes que hacen un dibujo muy bueno, pero no se sabe si los personajes están en el campo, en la ciudad o dentro de una casa. Por eso yo siempre que dibujo un personaje le agrego la escenografía: si están en el campo agrego pajaritos, nubes, sol; si están en la casa siempre hago el piso, un cuadro, la pared, una mesa, para que sepan. Porque a veces el lugar donde están las personas está identificado con el chiste.

El humor político

(Sobre Tía Vicenta) Al principio la lógica del absurdo la llevé a la política y la gente no entendía esos chistes. Empecé a reparar en la actitud de los políticos y me fogueé en las revistas durante mucho tiempo (…). Todo mi trabajo se basó en la observación de la política (...). Quise crear un nuevo estilo. Hacía juegos de palabras, por ejemplo: en lugar de “Arturo Frondizi” ponía “Artizi Fronduro”. La gente cada vez se entusiasmó más con ese nuevo humor porque lo fue entendiendo (…).

Yo sabía que una revista no es una suma de notas, chistes y artículos, sino que debe materializar un espíritu. Cada dibujante tenía un estilo propio, pero el espíritu que nos unificaba estaba basado en la espontaneidad, el disparate y la falta de solemnidad, ya se tratase de la política o de los hábitos sociales.

Por mi parte, siempre descreí del humor oficialista. Pienso que el humor es necesariamente crítico y, si es oficialista, fracasa. Podría ampliar aún este enfoque, y decir que todo diario oficialista fracasa.

En el humor político hay que tener mucho cuidado para no herir susceptibilidades, por eso yo nunca hago chistes contra ni a favor, yo hago chistes sobre. Sobre una situación o sobre una persona, reconociendo siempre los costados críticos como una condición indispensable de su eficacia.

El humor político está igualmente limitado por el sentido de la oportunidad. La actualidad modifica los personajes que uno dibuja, y hasta puede decretar su muerte y anticipar el funeral.

Las diferencias entre el humor de invención pura y el humor político son enormes, y no solamente técnicas o formales. El humorista político, especialmente el de un diario, debe estar informado al detalle de todo lo que sucede. De lo contrario, no logrará jamás un verdadero impacto, podrá ilustrar una nota o producir chistes aislados, pero no generar efectos humorísticos cuya sutileza esté en relación directa con la cantidad y calidad de la información que maneja.

Trato de no hacer bromas hirientes, ni tampoco hago chistes cuando un político ha fracasado: espero en todo caso a que quiera volver.

Nunca critiqué a un tipo de clase baja, alta o media. Mis bromas estaban dirigidas a la gente, en general, que quería aparentar algo que no era.

El personaje

El personaje uno lo crea y es dueño de ese personaje. Por ejemplo, yo hago “el señor Porcel” o “Rogelio, el hombre que razonaba demasiado”, o la “familia Cateura”, que eran personajes que tenían mucho éxito en Tía Vicenta, y los hacía a mi manera. A los políticos los hago según las características de ellos…

El humor exige renovarse permanentemente, y saber que como los humanos, los personajes que uno crea tienen una vida limitada. Por eso siempre me he resistido un poco a la historieta, que fija los personajes en una supuesta eternidad mítica. Prefiero el chiste de un solo cuadro, que se alimenta de la realidad y permite renovarse permanentemente, aún cuando el dibujo o el estilo, como en mi caso, permanezcan más o menos invariables.

La caricatura

Desde ya que en la caricatura siempre se tiende a exagerar. El humor es una exageración de la realidad, y la caricatura tiene que ser una exageración de las facciones: a Frondizi que tiene la nariz un poco larga, hay que dibujársela más larga, a Mera Figueroa que usa bigotes muy largos hay que hacérselos larguísimos; a Alfredo Palacios, que andaba siempre de poncho y traje negro había que remarcarle la figura de compadrito, y a Perette que era muy petiso hacerlo enano…

(Para diseñar la caricatura) Primero, veo mucho las características. Cuando surge un nuevo personaje político estudio, miro varias fotos de él, lo miro por televisión y voy delineando los rasgos hasta que hago una caricatura.

Dibujo a los políticos siempre de la misma manera y en la misma posición para evitar la falta de parecido, toda posibilidad de confusión. El lector debe identificar de inmediato al personaje y el lugar donde se encuentra; si está en el campo, en una confitería o en la Casa Rosada. Si es el campo dibujo siempre la vaca o un árbol con un pájaro, si es la ciudad, un vigilante, las casas o la vereda…

Una vez que defino al personaje, insisto en los mismos rasgos, permitiéndome a veces algunas licencias (por ejemplo, a Cavallo, que tiene ojos grandes y redondos, se los dibujo como huevos fritos, lo cual acentúa más aún en el rostro ese aspecto perplejo y azorado).

Debe darse además un doble juego entre el conocimiento del político y el reconocimiento en la caricatura, pues cuando el lector no identifica de inmediato al personaje, el efecto del chiste se pierde. También hay que tener en cuenta que muchos lectores, aunque parezca mentira, desconocen las caras de algunos políticos más o menos relevantes (Jaroslavsky o Luis Zamora), aún cuando aparezcan asiduamente en la televisión; si yo hago un chiste sobre Luis Zamora para ser leído en un medio donde la gente no sabe quién es, el chiste no existe.




(Fuentes, al término de la segunda parte)

lunes, 5 de marzo de 2012

La "cocina" de Inodoro Pereyra (IV, nunca es tarde...)

En el mes de Septiembre del año pasado pudimos disfrutar de los consejos de Roberto Fontanarrosa con respecto a la realización de una historieta, más precisamente la de Inodoro Pereyra (tomados de su versión original publicada en el suplemento Cultura y Nación del diario Clarín en el año 1992). Sin embargo, en aquel momento no advertí que en el libro 11 de la colección Biblioteca de la Historieta del mismo diario - dedicado precisamente al gaucho - se reproduce el texto mencionado más una nota final en letra muy pequeña que dice: "Los resultados de esta 'receta' pueden verse en la tira de la página 156". Efectivamente, allí nos encontramos con tal aventura que, en la versión editada por De la Flor, pertenece al tomo número 17.
Va aquí entonces el escaneo de las tiras, para complementar de la mejor manera el excelente relato de Fontanarrosa, llevando a la práctica sus particulares sugerencias (debajo, el enlace a aquellas entradas).


Fontanarrosa, Roberto: Inodoro Pereyra (Tomo 11, Biblioteca Clarín de la Historieta, Clarín, 2004)

Fontanarrosa, Roberto: 20 años con Inodoro Pereyra (Ediciones De la Flor, 1998)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Los Maestros enseñan (V): Puntos de vista

Presentar al personaje desde distintos ángulos es una de las técnicas a desarrollar al plantar una figura. No es tan sencillo como parece ya que usualmente nos resulta más fácil ubicarlo desde algunos lugares que desde otros; y esto es fundamental ya que tal personaje - independientemente del punto de vista - debe parecer siempre el mismo. En este aspecto, Néstor Ibáñez me comentaba hace unos pocos años que Tabaré es alguien que maneja muy bien estas posibilidades y trata habitualmente (lo podemos ver todos los días) de establecer variantes, incluso en una misma tira cada cuadro puede mostrar a los protagonistas desde ángulos totalmente diferentes.
Seleccioné las siguientes ilustraciones del linyera como posibles ejemplos:



Tabaré: Diógenes y el Linyera, imágenes tomadas de la colección Ilustradores y Humoristas de Clarín (correspondientes a tiras previamente publicadas en el mismo diario entre 1994 y 2001).

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La "cocina" de Inodoro Pereyra (III)

(Última entrega de “Cocinemos un Inodoro”, por Roberto Fontanarrosa. Secretos de la historieta y el placer de la lectura al mismo tiempo…)

Cuando está todo ya más o menos cocinado, escribo -perdón, escribimos- un diálogo en una hoja oficio. Calculamos, a ojo, que con eso nos alcanza y a veces, para mejor, nos sobra. Lo óptimo es cuando sobra, porque quiere decir que uno ha podido hacer una pequeña selección y así queda a salvo el orgullo del creativo. En ocasiones, de arranque, usted comprueba que se va a quedar corto. Entonces mete, en los dos o tres primeros cuadritos, una situación encapsulada, pequeña, sin posibilidades de mayor desarrollo, que abre la tira. Situación que no tendrá demasiada relación con el resto del asunto y luego se ligará con el tema central de forma natural o arbitraria. No, no tiene por qué ser los loros, no se ponga reiterativo con ese asunto.
Ej.: Inodoro observa un mate que pierde líquido por varias perforaciones. “Otra vez la policía me agarró el mate”, dice. Mendieta le recomienda ahorrar para comprar otro. Inodoro replica “¡Como para invertir en muebles, estamos!” Y ya entran en el tema del ahorro y el chancho-alcancía, del cual hablamos anteriormente, ¿no lo recuerda? Olvídelo. Estos temas encapsulados son útiles, pero no es de lo más pulcro como procedimiento. Prefiero que la tira arranque y termine con el mismo tema. Sucede, sin embargo, que a veces el ojo del amo erra el cálculo, como le pasó ahora a usted por su impericia, y en medio de la tira, uno se encuentra con que el material que tenía no le alcanza. Alerta rojo. Error humano.

Tenemos el comienzo y el final pero faltan, digamos, dos cuadritos en el medio. Hay que correr a la carpeta para rellenar ese hueco con algún pasacalle que no aparezca como muy traído de los pelos. Agradezco su consejo: uno puede macanear con las medidas, agrandando un cuadrito, estirando el otro. Pero… ¡el lector se da cuenta, mi querido! El lector advierte que usted se tira a chanta. ¡Y estamos defendiendo una media página a color del diario Clarín, mi viejo! ¡Cómo se nota que usted se va y se despreocupa del problema! No, acá hay que trabajar hasta que aparezca alguna réplica para insertar en el diálogo, o una pequeña gracia que anteceda al final.
Impensadamente, pese a su ayuda, ya tenemos el 30% del tema central, el 30% del remate y el 30% de los chistes intermedios. Nos resta el 10% del dibujo. Ojo la tinta. Acá mejor se me sienta allá y mira desde lejos. Trataré de que el dibujo refleje el relato lo mejor posible, que sea expresivo, que narre. Ya sé que el texto no le causa gracia. No me mueva la mesa. No soy un plástico audaz, ni un virtuoso, ni un explorador de nuevas técnicas y texturas. No, no son así los loros. Cubro con papel manteca una fotocopia del original y coloreo infantilmente, con fibras. Guarda el codo. No me ayude más, mi viejo. Zapatero a tus zapatos. Usted remítase a lo suyo y espere el próximo miércoles para leerlo. El buey solo bien se lame. Después de todo, en diciembre de este año se van a cumplir 20 años de la primera publicación de Inodoro, en la revista Hortensia, de Córdoba, y, pese a la edad, todavía puedo seguir diciéndole a este gaucho todo lo que tiene que hacer y decir, puntualmente, cada quince días. No, salga, largue el lápiz. No necesito ayuda. Recuerde aquello de “En Rosario, uno se siente más creativo”. Y no lo dije yo. Lo dijo Belgrano, hace muchos años. Descuide, su firma no aparecerá en el trabajo.


Del Suplemento Cultura y Nación del diario Clarín, 1992
Episodio de Inodoro Pereyra: revista Viva (s/f)

(Para ver otros temas vinculados a la técnica de la historieta, revisar al pie de página el apartado "Aprendizaje")

martes, 6 de septiembre de 2011

Fontanarrosa y la "cocina" de Inodoro Pereyra (II)

Continuamos con el texto de Roberto Fontanarrosa: "Cocinemos un Inodoro":

Pero, confesémoslo, aún campea en nosotros una preocupación primaria que nos desvela: encontrar un chiste de remate. Si no sabemos hacia dónde vamos, nos perdemos. Veamos: el hallazgo de un buen tema nos ha significado resolver un 30 por ciento del problema. Pues bien, el descubrimiento de un digno remate nos resolverá otro 30 %. Incluso, a veces, debo confesarle, doy casualmente con un chiste o con una situación que configura, en sí, un buen remate para una historia. Entonces, desandando desde allí, armo la trama hasta el comienzo. Tal es la importancia que le atribuyo al desenlace. Pero, no se me distraiga, seamos optimistas y supongamos que encontramos un final aceptable para alguno de los casilleros abiertos. Habrá sido un día bien aprovechado, por lo tanto. Ya tendremos una estructura para la tira y quedarán una, o dos más, a medio hacer, para ser completadas el día de mañana, si a usted no lo ocupa algún otro compromiso. El que guarda siempre tiene. Al igual que el esforzado pueblo israelí, de un desierto habremos obtenido un vergel.
Pero, pensándolo mejor, y con un golpe de timón propio de un escritor efectista, volvamos a los comienzos de la nota cuando presumíamos de contar con un tema ya dado por las circunstancias.
No partamos de la nada justamente con usted, que no acredita experiencia en la materia y, además, no parece ser muy lúcido que digamos. La libido viene en nuestra ayuda, amigo mío. El moreno juez Clarence Thomas ha inaugurado el envidiable acoso sexual. Un objetivo claro nos ahorra un montón de tiempo y puede ejemplificar mejor el trámite del armado de la tira. Diga usted ¿a quién le cuadra mejor dicho acoso? ¿Será para Inodoro? ¿Será para Mendieta? ¿Habrá que recurrir a los siempre desaforados loros? ¿Se ajustarán a ese rol los poco refinados pampas del cacique Lloriqueo? ¿Deberán aparecer las alpargatas bactereológicas? ¿Será tema para el doctor Citado Nosocomio? Expídase. Elige los loros. Muy bien. Pero... ¿no le parece que un tema de acoso sexual, con miles de loros allí presentes, sería un tanto promiscuo? ¿No le suena como un tema necesitado de cierta intimidad? Nada de loros, entonces.
La cosa parece venir como anillo al dedo para Nabucodonosor II, el chancho campeón. Recurriremos, de todos modos, a la salvadora carpeta para rescatar algo atinente al apasionante mundo del porcino y llegar, triunfales, al remate. ¿Cúal es el remate? ¿Se le ocurre algunos? Córtela con los loros, viejo. Nabucodonosor II rechaza el acoso sexual de las chanchas. Aduce haber sido vendido a los Estados Unidos como reproductor. Fantasea futuras relaciones con las cerdas más bellas del mundo, las cover-pigs. Pero luego Pereyra lo vuelve a la realidad: su destino es una granja experimental de inseminación artificial. Ya sé, no es un final de gran nivel literario pero ¿qué pretende por el precio de un diario?. Confíe, a este final lo defenderemos con otros chistes más chiquitos.

Años atrás, cuando yo era joven, bello e inexperto, me conformaba con meter un chiste cada dos o tres cuadros. Nunca compartí la tesitura de algunas viejas páginas humorísticas de jugar todo el efecto de la historia al chiste del último recuadro. Hasta allí, nada provocaba en el lector ni la más minima sonrisa. Con ese sistema, el remate debía ser formidable para justificar la página. A usted le gustaban, bueno, no me extraña, usted todavía está bastante verde para entender de estas cosas. Aprendí, entonces, de los colegas contadores de cuentos: Landriscina, el Sapo Cativa, el Gordo Oviedo, que pueden narrar un chiste muy largo con final discreto, pero este final viene ayudado, aderezado, respaldado, por un montón de pequeños chistes intermedios, dichos, detalles, consideraciones, que van calentando la risa y le evitan al remate cargar con la responsabilidad del fracaso o del éxito del relato. Entonces, hoy por hoy, procuro meter, al menos, un chistecito, una ocurrencia por cuadrito, siempre que no desvíe la atención.

(el fragmento final, mañana...)


Segunda parte del texto al comienzo mencionado. Publicado en el suplemento Cultura y Nación -diario Clarín- el jueves 11 de junio de 1992.

Historieta perteneciente a la revista Viva (s/f)

lunes, 5 de septiembre de 2011

Tras el día de la historieta, Fontanarrosa nos empieza a enseñar los pasos para realizarla

El 11 de junio de 1992 el entonces suplemento "Cultura y Nación" del diario Clarín publicaba un excepcional artículo donde el gran Roberto Fontanarrosa explicaba la "cocina" de una de sus historietas, aunque -como corresponde- de una manera nada solemne, ya que le agrega a ese texto toda su imaginación, su capacidad de narrador y de hacernos reir.
Teniendo en cuenta que ayer se celebró el día de la historieta, esta es también una buena forma de adherir a ese festejo...(Y de yapa, un par de sus historietas a color).

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En un hilarante "diálogo", el historietista rosarino coproduce con el lector su célebre tira cómica

La redacción de este suplemento pidió a Fontanarrosa que contara la "cocina" de una tira de su ya mítico Inodoro Pereyra. El fenomenal rosarino no se limitó a un puñado de anécdotas autobiográficas ni a un compendio de revelaciones artesanales. Su imaginación, que parece no tener límites, produjo este texto desopilante, verdadera parodia del optimismo didáctico con que suelen ser interpelados los aprendices de su oficio. De este modo, sin dejar de cumplir con lo pedido, Fontanarrosa nos divierte, abre las puertas de la intimidad de su trabajo y se da el lujo de tomarse el pelo. Todo por el mismo precio.

Comida criolla: Cocinemos un Inodoro
Por Roberto Fontanarrosa

¡Cúantas veces se habrá despertado usted, amigo lector, en medio de la noche preguntándose atormentado "¿Cómo se realiza una historieta?" Pues bien, ahora tiene usted, acá, la oportunidad, única quizás, de adentrarse en los misterios de este "metier" de la mano de un profesional en la materia. Si usted gusta acompañarme podrá asomarse tras las bambalinas del humor creativo y husmear en la cocina misma del autor, percibiendo una vivencia incomparable. Eso sí, entiendo que nada enseña tanto como la experiencia propia y me atrevo a proponerle, entonces, que simulemos armar una historieta juntos.
Muy bien. Tranquilo ahora. Lo primero es el tema. Saber sobre que tema girará la historieta. En ocasiones hay algún asunto dando vueltas en el comentario general, como la Guerra del Golfo, los disturbios de Los Angeles, el cólera, la corrupción, etcétera, con posibilidades de ser adaptados a nuestro personaje: Inodoro Pereyra. ¿Los disturbios de Los Angeles, dice usted? Es bueno, pero... ¿no le parece que es más compatible, acaso, con una bestia como Boogie El Aceitoso, sin ir más lejos? Es comprensible. Usted no tiene la obligación de saber que yo cuento con otro personaje al que debo alimentar de temática adecuada, pero su aporte fue valioso, de todos modos. Adivino en usted a una persona con facilidad para desempeñarse en el difícil arte del humorismo. Dejemos para Inodoro ítems más apropiados como el caso de los frigoríficos clandestinos o el aumento en el precio de la yerba mate. ¿Aventurarnos con Monzer Al Kassar, dice usted? ¿O hablar sobre una controvertida jueza de apellido compuesto? ¡Cómo se nota que no es usted el que firma, mi estimado! Y después de todo ¿para qué hacerlo? Si ella, según su costumbre, no habrá de leerlo.

Pero supongamos, supongamos, que no hay ningún tema dando vueltas para el Inodoro. Habrá que recurrir entonces, a la carpeta con anotaciones. Tendrá usted acceso, restringido quizá, pero acceso al fin, a ese tesoro.
Hay aquí un tumulto de páginas donde yo voy anotando ideas sueltas, frases, situaciones o tontos juegos de palabras. Veamos. "Sea domador en veinte lesiones", Chancho alcancía", "Sigue vigente/¿dónde vio gente?", "Lo encontré hecho unas pascuas/¿contento?/no, gordo y negro como güevo de chocolate". Abrimos casilleros, entonces, con las dos o tres situaciones que, calculamos, pueden soportar el trámite de una historieta: "Escuela de Doma" y "Chancho Alcancía". ¿Prefiere "Escuela de Doma"? Inteligente elección. Pero abordemos la otra, que a simple vista suena como más jugosa. Bueno lo suyo, pero aún carente de olfato profesional. En cada uno de los antedichos casilleros iremos anotando todo lo que se nos ocurra y sumando las frases sueltas o pequeños chistes de la carpeta que tengan relación con cada uno de los temas. "Ahura que las monedas vuelven a tener valor, de nuevo se le ha cotizáu la rastra, don Inodoro", es una apreciación del Mendieta que bien puede insertarse en un contexto propio de la Escuela de Chicago como el de "Chancho alcancía". Vea usted que, así, alguna de las dos columnas va creciendo en procura de alcanzar los ansiados 12/13 cuadritos que configurarán la tira.

Continúa mañana...



Textos e imágen en blanco y negro: diario Clarín, suplemento Cultura y Nación del 11/06/92.

Inodoro Pereyra a color: revista Viva, sin fecha (presumiblemente fines de los '90)

lunes, 15 de agosto de 2011

Los Maestros enseñan (IV) : Miedos

Alfredo Grondona White (pilar de Humor Registrado durante dos décadas) y una selección de expresiones vinculadas con el miedo: A veces justificados, a veces no, con un poco de desesperación o decididamente más cercanos al terror que al temor estos gestos y posturas corporales nos muestran una variada gama de posibilidades (ver cómo además en el segundo cuadro la escenografía también aporta al clima). Por supuesto que lo que sucede (aquí ausente para no dispersarse demasiado) no es tan dramático y sí bastante exageradas las reacciones de los personajes comparadas con tales circunstancias (y allí, claro, radica parte de la gracia), cuya peligrosidad tiene que ver generalmente con un inodoro que no funciona, los intereses de un impuesto no pagado en fecha o un chofer de ómnibus de larga distancia algo arriesgado...
Un comentario más: para esta serie ilustrativa, suele resultar no tan sencillo encontrar el dibujante adecuado para una temática determinada. Pero no, por supuesto, por una cuestión de capacidad de aquél sino porque en algunos de ellos es más fácil -o más difícil- ubicar la expresión buscada en la cantidad necesaria como para tener una variedad de ejemplos. A veces ocurrirá porque ciertos artistas apuntan más a unos temas que a otros y a veces porque el autor de este blog no tendrá el material suficiente...
Los dibujos forman parte del libro En Blanco y Negro, editado por Hyspamerica en 1989 y perteneciente a la colección Grandes Humoristas Argentinos. Probablemente, la mayoría de ellos hayan sido publicados previamente en la "Humor".

viernes, 24 de junio de 2011

Una clase de caricatura, por Abel Ianiro



Después de subir las imágenes del uruguayo Sábat y mientras estaba preparando otro post de Andrés Cascioli vinculado a un aniversario deportivo, recordaba que nuestro país tiene una historia de caricaturistas digna de ser mencionada. Entre ellos se encuentra Abel Ianiro, famoso por sus trabajos para las tapas de Canal Tv entre 1958 y 1962 (fecha de su fallecimiento con apenas 44 años). Ianiro participó también en revistas como Rico Tipo, Cascabel y Dr. Merengue y entre sus personajes se destacan Tóxico y Biberón, Marmolín y Purapinta (a los que ya nos referiremos en alguna oportunidad).
Para CanalTv sus modelos eran los artistas de la televisión y el cine. Pero también se dedicó a las figuras de la política en Cascabel y Tía Vicenta. En 1953, el primer número de la revista Dibujantes publicaba esta clase de caricatura a cargo de Ianiro:






sábado, 28 de mayo de 2011

Arboles

Entre los múltiples elementos que pueden poblar la escenografia de una historieta, ilustración o chiste, figuran los árboles. ¿Qué se puede decir sobre ellos de interesante? A veces figuran y pasan inadvertidos porque el centro de la historia tiene el foco en otro lado, otras no tienen cabida aunque la escena se desarrolle en una calle, parque o lugares similares (pero muchas veces esta ausencia tiene que ver con el propósito del dibujante de no dispersar la atención o con la idea de no agregar objetos que no aportan demasiado). Sin embargo, como suele decirse, cuando hay talento puede sacarse agua de las piedras. Y eso es lo que hacen, por ejemplo, Oski y Garaycochea, quienes (cada cual con su particular estilo) nos demuestran que el dibujo de un árbol puede estar cargado de gran belleza y creatividad.

Oski



Garaycochea


Imágenes pertenecientes a los libros de Oski Vera Historia de Indias (Lumen, Barcelona, 1975) y Comentarios a las Tablas Médicas de Salerno (Lumen, Barcelona, 1975). En el caso de Garaycochea fueron extraídas de Los deportistas son una risa (De La Flor, Buenos Aires, 1981) y ¿Dónde vamos a parar? (Epidauros, Panamá, 1984).

lunes, 28 de marzo de 2011

Los Maestros enseñan (III) : esos días tristes...

Estos son fragmentos de algunos de los dibujos publicados en los libros Tute de Bolsillo y Araca, Corazón!- ambos de Tute - editados por Sudamericana en 2007 y 2008 respectivamente.
A los consabidos y clásicos ojitos tristes con las lineas superiores en diagonal, el autor agrega la expresividad del cuerpo del personaje, ciertas inclinaciones posturales que acentúan la melancolía y un clima que también contribuye a transmitir ese sentimiento. Son momentos que a todos nos toca vivir.
Pero a no ponerse tristes...cada una de esas ilustraciones encierra una sonrisa. Y el humor es justamente un gran antídoto contra las horas difíciles. Como diría Fontanarrosa: "Lo que dirán de usted las revistas del corazón", a lo que el susodicho responde: "...¡y no sabe lo que dicen las del hígado!"

viernes, 25 de febrero de 2011

Los Maestros enseñan (II) : Enojos

Del libro de Néstor Ibañez Como quien no quiere la cosa he tomado un grupo de ilustraciones donde podemos ver a señores y señoras con el ceño fruncido. El dibujante - profesor en la escuela de Garaycochea- a través de sus "enojados" nos enseña los secretos de esta expresión.

Ibañez: Como quien no quiere la cosa (Biblioteca Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamérica, 1989)

miércoles, 16 de febrero de 2011

Los Maestros enseñan (I): La risa

Recuerdo que durante la niñez, en esas tardes soleadas de verano de pueblo, cuando todo el mundo hacía la siesta, yo era de los que se negaban a tal trámite; así que esperaba la hora de que los chicos me pasaran a buscar en bicicleta para ir a jugar a la pelota dibujando mis propia historietas. Eso me divertía mucho y me alegra haberle dedicado tiempo en su momento; aún cuando se trataban - a los ojos de hoy - de dibujos malísimos...
Lo más lindo para mí era el diseño de la tapa y su posterior "plastificado" para imitar algunas publicaciones lujosas: un poco de plasticola distribuída con un pincel en forma pareja, dejar secar, y la tapa brillaba...
Y en ese tiempo a veces copiaba o recortaba imagenes como para tener una referencia. Muchos años después comprobé la utilidad de este método al leer que los dibujantes de verdad armaban grandes archivos de todo tipo. En la misma escuela de Garaycochea, Carlos G. y Néstor Ibáñez nos aconsejaban armar ficheros, con animales, plantas, autos, etc, etc.
Es por eso que quiero entregar a partir de esta entrada una especie de archivo virtual: gestos, movimientos, escenografías y todo aquello que sirve para mejorar nuestros dibujos.
Muchos de los grandes maestros han sido autodidactas, han observado a sus predecesores en el mundo de la historieta y así fueron puliendo sus obras.
Entonces, voy a ir subiendo imagenes con un tema o más en común, a veces a través de un sólo dibujante, otras a través de varios, con protagonistas anónimos o conocidos, con el fin de que todos podamos aprender o perfeccionarnos.
Empezamos con la risa (dibujos de Quino).




jueves, 13 de mayo de 2010

LA HISTORIETA PASO A PASO

Pablo Blasberg le explica a los chicos (y porqué no a los grandes) cómo realiza una historieta. Fue publicado en el diario La Nación - suplemento infantil - del domingo 30 de abril de 1995.